jueves, 31 de diciembre de 2009

De St. Arnaud a Westport

St. Arnaud es la puerta al Parque Nacional Lake Nelson y aquí el paisaje es magnífico. Tras dos días de intensa lluvia, salimos hacia Murchison. Hacía un día precioso, aunque de vez en cuando, el viento soplaba con tanta fuerza que nos obligaba a bajarnos de las bicicletas. Durante los tres días siguientes, seguimos el río Buller, un enorme e impresionante arroyo que desciende desde el Lago Nelson hasta el mar. Recorrer estos increíbles lugares en bicicleta ha sido definitivamente una de nuestras mejores experiencias ciclistas. La naturaleza aquí es tan majestuosa que hace que te sientas como algo insignificante.
Cuando llegamos al río Owen, el tiempo comenzó a empeorar y nos planteamos si debíamos continuar, ya que el riesgo de tormenta era muy alto. Justo cuando habíamos decidido acampar en Owen Junction, Ben y Saskia, unos amigos que nos habían ayudado en Turangi, aparcaron cerca de dónde estábamos comiendo. Vanessa y Ella se montaron en la autocaravana y yo continué con la bicicleta durante los últimos 20 km hasta Murchison bajo una intensa lluvia.
En Murchison, decidimos quedarnos y celebrar el Fin de Año juntos en un motel muy hortera (tacky, en inglés) llamado "Mataki Hotel". ¡Ni yo mismo podría haber elegido mejor el nombre!

La fiesta de Fin de Año fue extraordinaria. Pasamos unos momentos inolvidables con Ben, Saskia y Dixie Lou.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Primera semana en la Isla Sur

Hola de nuevo a todos:

El 20 de diciembre, de noche y con lluvia, llegamos a Picton. Sin embargo, no nos preocupaba llegar a estas horas, ya que habíamos reservado una cabaña el día anterior en el camping más pequeño que hemos visto nunca. Salimos rumbo a Havelock por la espectacular carretera de la costa que se abre camino por las bahías Marlborough Sounds. Aunque hay que superar algunas pendientes, no son demasiado exigentes, y el hecho de que haya poco tráfico nos permitió disfrutar de las impresionantes vistas. Havelock es una pequeña ciudad, muy tranquila y con mucha historia, frecuentada por turistas extranjeros. El lugar, situado en un magnífico entorno, bien merece una vista. Al viajar en bicicleta, podemos ver algunos lugares a los que los turistas no llegan. A veces, nos hubiera gustado avanzar con mayor rapidez, pero las piernas, el tiempo o el pequeño terremoto rubio no nos dejan, y creo que es mejor así. De este modo, tenemos el priviliegio de conocer a la gente local de Nueva Zelanda: pescadores, cazadores, enfermeras, trabajadores de supermercados, albañiles, carpinteros, repartidores de periódicos, mensajeros, carteros, mecánicos… todos ellos nos cuentan sus historias y lo más bonito es que tenemos tiempo de escucharlas. Esto nos permite obtener diferentes puntos de vista de gente diversa y hace que Nueva Zelanda haya adquirido un mayor significado para Vanessa y para mí. Estamos encantados.

El día 21, salimos hacia Nelson y sabíamos que iba a ser complicado llegar en un día. El tiempo era magnífico y las carreteras y el tráfico, benévolos con nosotros. Aunque circulábamos por la autopista, hacer ciclismo aquí es completamente diferente a hacerlo en la Isla Norte. Hay mucho menos tráfico y los conductores no son agresivos. Perfecto. No me acuerdo por qué, pero se nos hizo tarde para comer. Comenzamos a preguntarnos si debíamos dejar las dos enormes colinas que teníamos enfrente para el día siguiente. Vanessa pensaba que al menos deberíamos tratar de superar la primera, así que nos pusimos manos a la obra. Hacía calor y la carretera comenzaba a empinarse. El primer kilómetro fue bastante duro, pero no tuvimos tiempo de dejarnos llevar por el pánico, ya que llegamos a la cumbre enseguida. Fácil.Tras seis kilómetros de llano, llegamos al merendero del río Graham, donde decidimos montar la tienda.

El día siguiente nos levantamos temprano y afrontamos la montaña que teníamos delante. Igual que el día anterior, la dura pendiente de la primera parte se suavizó después de recorrer dos kilómetros y pronto nos dimos cuenta de que estábamos bajando sin haber realizado demasiado esfuerzo. Tras un largo y bello descenso llegamos a Hira, donde celebramos con una gran comida en la gasolinera/tienda. Desde allí, el camino hasta Nelson fue bastante fácil. El día era perfecto, el sol brillaba y el viento nos empujaba hacia la ciudad. Hay una ciclovía hasta Nelson, así que no tuvimos que circular por la autopista.

Pasamos los dos días siguientes en Nelson, celebrando la Navidad con un enorme bistec. A Ella le sirvieron una gigantesca hamburguesa vegetariana, pero solo le interesaron las patatas fritas.

Hay muy buen ambiente en Nelson durante la Navidad, así que lo pasamos en grande. El paisaje desde el camping es increíble, la gente muy agradable y las playas, espectaculares. Durante la marea baja, Ella disponía de una zona para jugar tan grande que no se lo podía creer. Corrió y nadó en las piscinas, persiguió a los patos y jugó con los otros niños en el camping.

En Nochebuena, una pareja nos llevó a la ciudad a tomar café. Inmediatamente conectamos y nos invitaron a un desayuno-almuerzo al día siguiente. Por supuesto, aceptamos encantados y conocimos a su hijo, cuñada y nieto. Después de la comida nos fuimos caminando junto a un río cerca de Nelson. Una tarde perfecta con buena conversación y muchas risas. Os digo una cosa, si gobernásemos el mundo, las cosas serían muy diferentes. Compartimos algunas buenas ideas sobre cómo debería ser la vida en la Tierra.

El 26 de diciembre salimos hacia St.Arnaud. Desde Nelson hasta Richmond seguimos el carril-bici y, a partir de ahí, el resto es muy fácil. Al llegar a Belgrove sentimos que no teníamos energía en las piernas y decidimos parar. Aparte de la taberna local, no hay instalaciones en Belgrove, pero los dueños nos dejaron acampar en el jardín. Tras unas cervezas con los lugareños nos sentimos como nuevos. Nuestros anfitriones fueron increíblemente hospitalarios. Nos divertimos mucho.

El 27 de diciembre nos despertamos dentro de la tienda en medio de la lluvia. Estamos en la Isla Sur: puede hacer muy buen tiempo a un lado de la montaña mientras cae una fuerte tormenta en el otro lado. La lluvia caía con intensidad y no podíamos salir. Nuestros anfitriones nos propusieron una solución. Nos llevarían hasta St. Arnaud. A mí me apetecía ir en bicicleta, así que decidimos que Vanessa y Ella irían en coche y yo, en bicicleta. Fue toda una experiencia. Aunque llovía con intensidad a ratos, no hacía frío y el paisaje era increíble. 60 kilómetros de bosque y nubes bajas convirtieron esta travesía en un viaje muy intenso… un día que nunca olvidaré. Aunque las nubes no me permitían ver la mayor parte de las montañas, el espectáculo era majestuoso. Cuando llegué, Vanessa había decidido reservar habitación en un hostal, porque los campings estaban llenos. Al anochecer, las nubes se abrieron y desde la cocina del hostel el paisaje era espectacular.

Estamos viviendo un sueño y no nos queremos despertar.

viernes, 25 de diciembre de 2009

De Picton a Nelson

Hola a todos:

Sentimos no haber dado señales de vida. Hemos estado montados en la bici durante tres días desde Picton a Nelson sin acceso a internet. Tampoco hemos podido subir fotos al sitio web, porque la conexión a internet del camping es demasiado lenta. Solo queríamos decir que hacer ciclismo en la Isla Sur es como estar en un país diferente. Las carreteras tienen mucho menos tráfico, los conductores nos respetan y el paisaje es espectacular.

Mañana salimos de Nelson y nos dirigimos a St. Arnaud. Es muy probable que no tengamos acceso a internet, así que os deseamos una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

Por cierto, hemos vuelto a recibir más comentarios “cariñosos” acerca de lo mal que estamos criando a nuestra hija y describiéndonos como un par de gilipollas. Muchísimas gracias, de corazón, por esos comentarios tan agradables e inteligentes. La verdad es nos dan fuerza para seguir y darnos cuenta de que estamos haciendo las cosas bien.

¡Feliz Navidad a todos!

martes, 15 de diciembre de 2009

De Turangi a National Park Village

Esta mañana, cuando llegamos al centro de visitas, nos dijeron que el autobús Intercity no podía cargar con nuestro equipaje. Además, los servicios de las 14.30 y 15.15 h estaban completos. Parecía que nos íbamos a tener que quedar en Turangi. Otra opción era coger un bus directo de Turangi a National Park Village, y de allí, el tren a Wellington. Decidimos tomar esta opción, ya que no pretendíamos quedarnos más tiempo en Turangi, pero cuando la señorita del centro de visitas trató de hacer la reserva en el tren… ¡sorpresa! No había plazas ni para hoy ni para mañana. Se nos acababan las opciones y coger el autobús directo a National Park Village cuando el tiempo iba a empeorar no parecía la mejor idea.

Mientras esperábamos en el centro de visitas, una pareja anglo-belga se ofreció para llevarnos a National Park Village en su camioneta. Justo cuando pensábamos que nos íbamos a quedar una semana más sin poder movernos, de nuevo tuvimos la suerte de encontrar a unas personas encantadoras. Compramos los billetes de tren para el martes.

Metimos todo el equipaje en la camioneta y, de camino a Park Village, paramos a dar un paseo en un lago encantador. Ben, Saskia y su hija Dixie-Lou se quedaron en el mismo hostel en National Park Village y tuvimos una cena estupenda en la única pizzería del pueblo. El resto de esta pequeña localidad se compone únicamente de mochileros. ¡Muy curioso!

lunes, 14 de diciembre de 2009

De Taupo a Turangi

Subimos al autobús sobre las 14.30 h y, una hora más tarde, llegamos a Turangi. No queríamos recorrer este trayecto en bicicleta, ya que solo se puede hacer por autopista y, como expliqué hace unos días, no voy a volver a meterme en autopistas llenas de tráfico nunca más. Es una pena que no pudiéramos recorrer esta parte, porque el paisaje es muy bonito.

Nos bajamos del bus y montamos la tienda en un enorme camping donde pasamos un buen rato con unos ciclistas suizos que también estaban hartos de tanto conductor loco. Había un grupo de israelíes que querían adoptar a Ella. Al ponerse a cocinar, hicieron que todo el mundo saliera de la cocina, ya que aquello se llenó de humo negro.

En el centro de visitas preguntamos por rutas que pudiéramos hacer con Ella, pero la predicción meteorológica para los próximos días no era muy halagüeña. Vientos de hasta 100 km/h, temporal y nieve. Tuvimos que cambiar los planes, porque no podíamos caminar ni hacer ciclismo con ese tiempo. Decidimos reservar un billete en bus a Wellington, pero la compañía de autobuses Intercity no garantiza que se puedan llevar bicicletas y carritos. No tiene ningún sentido, pero son las condiciones de la empresa, así que nos quedamos en Turangi. La única oportunidad de subir al autobús y esperar en la parada y rezar. Eso significa preparar todo el equipaje, ir en bici hasta la parada y esperar a que el conductor nos deje subir con todo. Mañana veremos.


viernes, 11 de diciembre de 2009

Taupo

Al llegar a Taupo nos alojamos en el Tiki Lodge, porque es un hostel para mochileros situado en el centro de la ciudad y queríamos estar todos cómodos. Cerca del Tiki Lodge teníamos parques y tiendas y una magnífica vista del lago. Fuimos caminando hasta las cataratas Huka, un bonito paseo de una hora y media bordeando el río. Las cataratas Huka son espectaculares y la cantidad de agua que cae por este estrecho pasaje es increíble. Queríamos caminar por los “cráteres de la luna”, pero comenzó a llover y nos llevaron a Taupo.

Pasamos el resto del día explorando la ciudad. Se trata de una pequeña localidad, en la que se puede caminar tranquilamente. Por la cantidad de pubs que contiene, adivino que pronto se llenará de turistas veraniegos. Mañana iremos en autobús hasta Turagi, desde donde pretendemos seguir en bicicleta por los volcanes y hacer trekking.

jueves, 10 de diciembre de 2009

De Golden Springs a Taupo

Me cuesta escribir algo negativo sobre Nueva Zelanda, porque desde que llegamos, hemos disfrutado de la hospitalidad kiwi y todas las personas que hemos conocido han sido encantadoras. No me parece justo criticar, pero la experiencia de hoy en la carretera ha sido la peor de mi vida como ciclista. Vanessa no piensa lo mismo que yo, así que lo que sigue es mi opinión sobre hacer bicicleta en Nueva Zelanda.

Comenzamos en la autopista y el tráfico era terrible. Había muchos camiones y coches que parecían circular con prisa y me adelantaban a tan poca distancia que, en ocasiones, sentí que el espejo retrovisor me iba a golpear. Decidimos desviarnos por una carretera secundaria llamada Broadlands que llega hasta Taupo, pero todavía fue peor. La vía no tenía arcén y a los conductores parecíamos importarles bien poco. La mayoría de los conductores aquí ni tan siquiera reducen la marcha cuando se nos acercan. Es una situación realmente peligrosa y estresante y comencé a preocuparme seriamente por la seguridad de Vanessa y Ella. Tal vez sea mi incapacidad para bloquear los pensamientos negativos sobre lo que pudiera pasar, pero realmente esta situación está poniendo a prueba mi paciencia. No lo estoy disfrutando y me estoy volviendo cada vez más agresivo. Me pasé la mayor parte del día gritando a los conductores que no respetaban ni la distancia ni la velocidad. No existe en absoluto ninguna concienciación hacia la seguridad de los ciclistas en este país y decidí antes de llegar a Taupo que nunca más iba a circular en bici por las autopistas. Por ejemplo, nunca montaría en bicicleta en la Route Nationale de Francia, pero al menos allí existen ciclorutas, conductores considerados y carreteras alternativas sin tráfico pesado. No voy a volver a llevar a Ella en estas carreteras nunca más.

Reconozco que estamos haciendo esto también por Forest and Bird y que el reto es llegar a Bluff en bicicleta, pero en este momento solo pienso en la seguridad de nuestra hija y todo lo demás es secundario.

Le propuse a Vanessa que nos saltásemos el Norte y fuéramos directos a la Isla Sur, donde esperamos que las carreteras estén menos transitadas y los conductores sean más considerados. Iremos hasta Wellington en transporte público.

En mi opinión, una única cicloruta de norte a sur no resolvería el problema. Lo que este país necesita es una infraestructura de ciclovías que permita a los ciclistas desplazarse de las zonas residenciales a las ciudades sin tener que compartir la carretera con todos esos maníacos. Son necesarias las ciclorutas en todo el país para generar una cultura ciclista. Una vez se tiene la infrestructura, la gente comienza a utilizarla y se forma una nueva generación de conductores de automóviles que también son ciclistas. La gente sería mucho más consciente de su comportamiento en carretera y la vida no sería tan agresiva. Nunca entenderé qué transformación sufren los kiwis al ponerse al volante: tan amigables, pacientes y comprensivos generalmente y, en cambio, tan agresivos, impacientes y suicidas cuando se suben a un automóvil.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Del valle Waikite a Golden Springs

Aún no habíamos salido del camping, cuando la carretera comenzó a empinarse. Una pendiente tan inclinada nada más comenzar el día fue todo un shock. Sin duda, ha sido la peor pendiente que nos hemos encontrado hasta el momento.

Vanessa se bajó inmediatamente de la bicicleta y yo intenté seguir un poco más, pero era imposible. Empujé la bicicleta hasta un rellano y volví a ayudar a Vanessa a arrastrar la suya. Tardamos unos 30 minutos y consuminos unas cuantas barritas energéticas para recorrer solo tres kilómetros. Al coronar esta impresionante subida fuimos recompensados con una bajada gradual y unas vistas espectaculares. El descenso continuaba hasta llegar a la autopista, pero nos desviamos por una carretera secundaria hasta Waiotapu, un lugar conocido por unos lagos con tonos espectaculares. Pagamos los 30 dólares de entrada y caminamos por uno de los paisajes más extraños que nos hemos encontrado jamás.

La diversión se acabó cuando tuvimos que volver a entrar en la autopista, de nuevo entre esos horribles camiones y conductores desconsiderados que adelantan a enorme velocidad. Sinceramente, me estoy hartando de estas carreteras. Por suerte, pudimos salir de la autopista y entrar en una vía secundaria hasta Reporoa, donde, según el mapa, debía de haber un camping. De nuevo el mapa nos falló y tuvimos que volver a la autopista hacia Golden Springs.

Sin tratar de ser un pelmazo con respecto a este asunto, vuelvo a expresar mi total indignación con las autopistas de Nueva Zelanda. ¿Quién va a querer montar en bici por placer aquí? En lugar de disfrutar del paisaje, estás continuamente preocupado por los coches y camiones que se acercan a una velocidad infernal. Cada vez que oigo que se acerca un camión, cruzo los dedos esperando que no haya un coche detrás que no nos vea. Es una auténtica locura.

El camping de Golden Springs no está en muy buenas condiciones, pero logramos encontrar un buen lugar para montar la tienda. Hoy hacía un calor terrible. La hierba estaba cubierta de polen y parecía una alfombra blanca, así que nos divertimos un rato haciendo volar el polen. ¡Ya ha llegado la navidad! Aunque el polen dentro de la tienda no resulta tan gracioso, se mete en todas partes.

Aquí también había un arroyo de aguas termales a 40 ºC, así que nos sentamos en el agua para darnos un baño. El supermercado de Golden Springs está lleno de telas de araña y no pudimos comprar nada. Los dueños del camping nos vendieron huevos, pan, brócoli, dos patatas y arroz. Con todo esto nos preparamos una cena estupenda.

martes, 8 de diciembre de 2009

De Rotorua al valle Waikite

No fue fácil salir esta mañana de Rotorua. Al final, nos quedamos cinco días, a causa del mal tiempo y la reparación de la bicicleta, pero estuvimos todo el tiempo ocupados, porque hay muchas cosas que hacer en esta encantadora ciudad. Hemos visto charcas de barro, géiseres, aguas termales, bailes y cantos maoríes, el valle Paradise, el maravilloso parque para mountainbikes Redwoods, los jardines y el museo nacional, las cataratas Okere…

Además de toda la lista anterior, la hospitalidad de nuestros amigos locales de Forest and Bird y la increíble experiencia de hablar con los niños sobre nuestro viaje hicieron que pasaramos unos días inolvidables. Ella lo pasó en grande en Rotorua. Se convirtió en la estrella en los dos colegios, encontró en Jorg al amigo perfecto en casa de nuestros anfitriones y Rotorua debe haber sido un patio de recreo más grande que toda España. Incluso durante los bailes y cantos maoríes se divirtió como nadie. Cuando los hombres representaron la danza de guerra llamada Haka, Ella no se asustó en absoluto y comenzó a sacar la lengua también.

Dejamos atrás el valle Paradise con un sol espléndido. Seguimos por la carretera principal durante unos 15 km y nos desviamos por vías secundarias hasta el valle Waikite. Las carreteas se volvieron estrechas y sinuosas y se abrían paso a través de verdes colinas. Vanessa volaba y yo no podía mantener su ritmo. Llegamos a una subida gradual en la que finalmente pude alcanzarla, pero ya estaba preparando la comida dejado de un enorme pino en el jardín de una granja. Hacía mucho calor. Se acercó un perro para intentar llevarse algo de nuestra comida, pero Ella no lo permitió. Según el mapa, teníamos un camping cerca, pero al llegar al cruce donde se suponía que lo encontraríamos, no había nada. Continuamos durante unos 5 km más y allí estaba, Waikite Valley Campsite. El sol ya nos estaba achicharrando y se nos ocurrió montar la tienda, a unos cinco metros de un arroyo con el agua a 97ºC. Las instalaciones de este pequeño camping son increíbles. Hay unas ocho piscinas de agua caliente con temperaturas entre los 27 y los 42ºC. El agua caliente que fluye del arroyo se ha desviado a una cascada artificial que sirve para enfriar el agua. Antes de entrar en las piscinas, el agua se enfría y a continuación entra en la primera piscina, la más caliente. Se trata de un lugar extraordinario, todo un paraíso desconocido. A Ella no la podíamos sacar de las piscinas.





lunes, 7 de diciembre de 2009

Rotorua, quinto día

Esta mañana me acerqué al parque Redwoods a probar sus famosas pistas para mountain bike. Algunos llaman al parque el Disneyland de los ciclistas de montaña y, después de haberte deslizado por unas cuantas pistas, es fácil adivinar por qué.

Existen numerosas pistas que están divididas por nivel de dificultad (muy fácil a muy difícil). Aunque no hay que subir largas rampas empinadas, el circuito resulta agotador y después de tres horas, estaba rendido. Comencé por los niveles intermedios de dificultad y poco a poco fui metiéndome en pistas más complicadas, pero tuve que soltar el manillar en más de una ocasión. Algunas partes son para maníacos suicidas y yo no tenía ninguna intención de romperme la espalda allí. Una de las pistas más difíciles se llama “Rockdrop” (el salto de la roca). Me acerqué y no pude entender cómo la gente podía lanzarse desde esta piedra, una locura. Por otra parte, hay pistas para pricipiantes que todo el mundo puede disfrutar. Me pareció una muy buena iniciativa y pasé un buen rato, tanto que destrocé mis zapatillas y tuve que comprar otro par.

Llegué justo a tiempo para ir al colegio de Jorg, donde nos habían invitado a dar otra charla. De nuevo, resultó ser una gran experiencia. Los niños hicieron muchas preguntas y pasamos un rato muy gratificante. Espero que hayamos podido transmitirles a algunos niños el mensaje de que montar en bicicleta es una gran idea, te mantiene en forma y es divertido. Cenamos por última vez con nuestros anfitriones y, aunque quedarnos resultaba muy tentador, teníamos que seguir el viaje.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Rotorua, cuarto día

Hoy esuvimos en Te Puia, una especie de museo al aire libre que contiene pozos de agua caliente, charcas de barro y géiseres, pero sobre todo, se trata de un lugar en el que está muy presente la cultura maorí. La visita al lugar es una manera ideal de aprender cómo era Nueva Zelanda antes de que llegaran los colonizadores y algunos de los atractivos del museo son un poblado maorí, un marae (lugar sagrado), un taller de tallado y una introducción a la historia maorí. Puesto que los maoríes no tenían un lenguaje escrito, las esculturas y tallas resultan fundamentales para entender su historia.

El lugar está rodeado de numerosas charcas de barro, aguas termales y un géiser que vimos en erupción. Resulta inquietante pasearse por una zona plagada de agujeros en la corteza terrestre que expelen todos estos gases y sustancias. Al mismo tiempo, parece increíble que la naturaleza pueda producir estos colores tan intensos en las rocas y el suelo. Los tonos provienen del azufre, alcalinos y otros minerales y elementos químicos que salen a la superficie a causa de la actividad interna de la Tierra.

Volvimos en autobús a la ciudad, dimos un paseo por los Government Gardens y visitamos el museo, que se encuentra en el interior de un bello edificio colonial que merece una visita.

Después de un día tan largo y de tanta actividad, tuvimos el final perfecto: otra gran cena con nuestros anfitriones.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Rotorua, tercer día

Durante nuestro tercer día en Rotorua nos pusimos en contacto con una pareja sudafricana de Forest and Bird, que nos había ofrecido alojamiento. Había mucha gente que nos había ofrecido un lujar donde quedarnos, pero después de la horrible jornada en bicicleta por la autopista y con la rueda trasera de mi bicicleta estropeada, nos metimos en el primer camping que encontramos. El segundo día, a causa de la lluvia, decidimos quedarnos en el camping, pero hoy no pudimos rechazar la invitación y fuimos a un lugar llamado Paradise Valley.

Nuestros anfitriones, Pier y Volna, nos hicieron sentir muy cómodos desde el principio. Pier incluso llamó a una furgoneta para que nos llevara a casa. Mi bibicleta ya estaba reparada, así que después de instalarnos en su casa, Volna nos acompañó a Okere Falls, a las afueras de Rotorua. Fuimos a una manifestación contra la construcción de una presa en el río Kaituna. En nuestra página de proyectos podeís leer más sobre este asunto.

Más tarde, disfrutamos de una comida deliciosa con Pier, Volna y su hijo Jorg.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Rotorua, segundo día

Todavía seguía lloviendo y decidimos no salir. Mi bicicleta estaba estropeada, así que fuimos a la ciudad y la dejamos en un taller de reparaciones. Nos dijeron que estaría lista al día siguiente. A las 12.30 de la mañana, nos recogió el director de un colegio llamado Kaharoa, donde nos habían pedido que les diésemos una charla a los alumnos sobre nuestro viaje. Este tipo de colegios se conocen en Nueva Zelanda como escuelas medioambientales, y son instituciones en las que se llevan a cabo actividades de conservación de la naturaleza. Algunos de sus proyectos son la construcción de un edificio dedicado al ave Kokako o la implementación de una zona controlada de pesticidas. Estas instituciones realizan una muy valiosa aportación al enseñar a los niños desde temprana edad a comprender que nuestro planeta es vulnerable y tenemos que cuidarlo.

La charla con los niños fue realmente enriquecedora. Les contamos quiénes somos, qué hacemos y por qué, y les encantó. Se interesaron especialmente por cuánto nos quedaba de viaje y si a Ella le estaba gustando el viaje. Ella les cayó bien a todos y al final robó todo el protagonismo. Una gran experiencia. Pasamos el resto del día en Rotorua, viendo escaparates y paseando.

jueves, 3 de diciembre de 2009

De Okoroire to Rotorua

El tiempo esta mañana no tenía mal aspecto y salimos bastante entusiasmados. La pintoresca carretera que va desde Okoroire hasta la autopista pasa junto a un campo de golf y unos atractivos parajes rurales. Sin embargo, al llegar a la autopista, todo cambió. Estas calzadas anchas están diseñadas para automóviles y camiones que circulan a mucha velocidad. Las cunetas se limpian para aumentar la visibilidad y, al mismo tiempo, evitar que caigan objetos en el asfalto. Perfecto si viajas en coche, pero terrible si estás montado en una bicicleta. Las carreteras más estrechas te permiten estar en contacto con la naturaleza, mientras estas autopistas son para conducir a gran velocidad.

De nuevo, a Vanessa no le preocupa demasiado la situación, pero yo no soporto pedalear en estas vías. No entiendo cómo podemos disfrutar del viaje cuando tenemos automóviles y camiones que nos adelantan a 100 km/h. Me pone nervioso.

La autopista 5 a Rotorua es una pendiente larga y gradual. Cuando se llega a la parte más alta, sigue subiendo y bajando hasta que llega la auténtica bajada. Todavía estábamos en la zona ondulada cuando empezó a llover con intensidad. Buscamos refugio y encontramos una granja. Pensábamos que estaba abandonada, pero vimos a algunas personas a quienes pareció no molestarles demasiado que nos refugiásemos, aunque no se mostraron dispuestos a socializar. Ningún problema. Cuando llegamos a Rotorua estábamos rendidos, empapados, nerviosos y enfadados por el número de conductores que nos adelantaron guandando muy poca distancia de seguridad. Ya he tenido bastantes autopistas. No me está gustando nada.

Rápidamente encontramos un camping y alquilamos una cabaña. La lluvia caía con intensidad y nos decantamos por el lujo. ¡La cabaña estaba equipada con cama doble, cocina y televisor!

Rotorua es un lugar extraño. Por todas partes se ven indicios de actividad volcánica y térmica. Justo en el camping, a tan solo 10 metros de nuestra cabaña, hay un agujero en el suelo en el que se puede ver el barro borbotar envuelto en una cortina de vapor. No sé muy bien qué pensar de este fenómeno. ¿Se puede respirar este vapor? ¿A qué temperatura estará? ¿De dónde viene y por qué se produce? Tal vez el suelo se desplome en cualquier momento y nos achicharremos en unos segundos. En lugar de correr, haremos como los kiwis, nos relajaremos y diremos "good as gold" (¡buenísimo!).


miércoles, 2 de diciembre de 2009

De Okaiura a Okoirore

En todas las pesadillas de un ciclista hay ciertos elementos recurrentes: el viento, la lluvia, las carreteras angostas y muy transitadas, los camiones de gran tamaño…

Hoy, en nuestra pesadilla particular se sucedieron enormes camiones que nos desplazaron de la carretera, literalmente, y una lluvia intensa que nos dejó completamente empapados.

Al principio, la llovizna no parecía tener importancia, pero pronto se convirtió en lluvia intensa. Cuando pasamos por Matamata, el cielo se volvió tan amenazador que perdimos toda esperanza de llegar secos a nuestro destino. Nuestro objetivo principal era llegar a Okoroire en el menor tiempo posible. Afortunadamente, las carreteras por esta zona son muy llanas y nos permitieron avanzar bastante, pero más tarde tuvimos que circular por la carretera principal durante unos 15 km y fue horrible. Unos camiones que transportaban madera me lanzaron fuera de la carretera en dos ocasiones y esto es una experiencia aterradora. Algunos camioneros no entienden que cuando adelantan a un ciclista a 100 km/h y a tan poca distancia de este, el enorme volumen del camión produce una corriente de aire que empuja al ciclista fuera de la carretera.

En cuanto pudimos, nos desviamos por carreteras secundarias, pero en ese momento la lluvia caía con intensidad y apenas podíamos ver. Además, nos perdimos y tuvimos que preguntar a un granjero si conocía algún camping. Estaba justo enfrente y no lo habíamos visto. También había un hotel, así que decidimos alquilar una habitación para secarnos la ropa. Había uno de esos pequeños secadores que huelen a pelo quemado después de un rato, pero conseguimos secar la ropa.
El hotel podría haber servido como escenario para algún capítulo de Fawlty Towers, de estilo retro, que sin duda sería muy lujoso en los años setenta, y el dueño (cazador y agricultor) debía tener mil y una historias que contar. Vanessa y yo engullimos dos enormes hamburguesas y nos bebimos unas cuantas cervezas para olvidar la jornada y los peligros del tráfico. A Ella le encantó el hotel. Corría por el bar, el vestíbulo y el restaurante, y se maravillaba ante todos los nuevos objetos que descubría: el bar lleno de botellas, la mesa de billar, las cabezas disecadas de ciervo y jabalí en la pared, los cuadros de paisajes...

A Vanessa no le preocupan demasiado las carreteras, pero a mí sí. Me cuesta mucho hacerme a la idea de pedalear por esas vías sin pensar en los peligros del tráfico. Mañana nos tocan 40 km de autopista y no me apetece nada.


martes, 1 de diciembre de 2009

De Te Aroha a Okaiua

Ayer pasamos el día libre mirando por la ventana de la cabaña alquilada la noche anterior. Se pasó todo el día lloviendo y parecíamos zombies vagando por un camping desierto. Menos mal que Ella siempre nos hace reír.

Hoy pretendíamos acercarnos a Rotorua, y después de salir aprovechando un claro, el tiempo siguió empeorando, así que partimos resignados a soportar una dura jornada. Había nubes por todas partes y se veían fuertes cortinas de lluvia al oeste sobre la llanura y al este hacia las montañas. La situación no tenía muy buena pinta…

Decidimos pedalear solo por la mañana para evitar el riesgo de llegar empapados, así que nos dirigimos a Okaiua, que no es una localidad, sino un camping situado junto a unos baños termales.

Al principio íbamos a coger la carretera "Gordon", pero se encontraba justo al pie de la montaña y la lluvia caía con fuerza en esa zona. Cambiamos de opinión y elegimos otra ruta, paralela a la anterior, por la que pudimos transitar sin mojarnos. Lluvia por todas partes, excepto en nuestra carretera ¡increíble!

Podríamos haber avanzado más, ya que llegamos al camping muy temprano, pero no teníamos ninguna intención de seguir desafiando a las condiciones atmosféricas. Tras registrarnos, recibimos una visita de Luke, Nina y Ellis. Nos pasamos el resto del día contemplando la lluvia, que no cesó de caer con fuerza. Menos mal que paramos en el camping...

domingo, 29 de noviembre de 2009

De Karangahake a Te Aroha

Salimos esta mañana en medio de una intensa llovizna, pero la carretera no tenía nada de tráfico. Al llegar a Paeroa, la llovizna se convirtió en aguacero y la situación comenzó a tomar mal aspecto. Después de Paeroa abandonamos la carretera principal, nos desviamos por una local y en ese momento paró de llover. La carretera era llana y sin tráfico, con un paisaje espectacular. Las nubes no dejaban ver las cumbres de las montañas Kaimai. La experiencia fue increíble. Mientras pedaleábamos por un amplio valle, las montañas Kaimai aparecían de la nada. Llegamos a Te Aroha, una pequeña y encantadora población con aguas termales y una historia interesante. Había unos cuantos edificios coloniales muy bonitos, pero tuvimos que apresurarnos a llegar al camping antes de que comenzara a llover de nuevo. Hicimos algunas compras y al llegar al camping, decidimos alquilar una cabaña en lugar de una parcela para montar la tienda. Al comenzar la tarde, nos dimos un baño en las aguas termales del lugar, con las montañas de fondo. Una experiencia sensacional después de siete días montados en la bicicleta. Un baño exterior a 40 grados a los pies de las montañas Kaimai. Una cerveza belga me hubiera enviado directamente al cielo. Mañana nos tomamos el día libre.

sábado, 28 de noviembre de 2009

De Waihi a Karangahake

Antes de salir hacia Karangahake, una pareja de ciclistas locales nos ofreció un lugar para alojarnos y una ruta alternativa para evitar la carretera principal.

En nuestro camino a Karangahake elegimos siempre rutas alternativas que hicieron el trayecto mucho más agradable. Por Endowmnent Street, circulamos en paralelo a la carretera principal. El paisaje no es espectacular, pero se trata de una ruta muy interesante. Después de recorrer 15 kilómetros, el camino se va juntando con la carretera principal, pero, justo antes de unirse, tomamos un camino que cruza por la garganta Karangahake. Aunque la ruta era bastante dura, agradecimos circular sin tráfico. Nos habían advertido sobre un túnel oscuro de un kilómetro de longitud, pero nada nos había podido preparar para lo que estábamos a punto de experimentar. Apenas había espacio para los carritos en este túnel oscuro y húmedo. ¡Qué sensación! Ella se pasó todo el trayecto cantando y gritando, así que Vanessa y yo decidimos unirnos. Parecía que el túnel no iba a terminar nunca y, cuando llegamos al final, el puente que teníamos delante era aún más estrecho. Vanessa tenía unos 30 centímetros a cada lado del carrito, ¡perfecto! Para salir de la plataforma del puente tuvimos que pasar los carritos por encima de una barrera… otra gran aventura ciclista en medio de la espectacular garganta Karangahake.

Por la tarde, pasamos algún tiempo con nuestros anfitriones, en una granja, y aunque Ella parecía disfrutar de casi todo, cualquier animal cuyo tamaño era mayor al de un conejo le suponía una seria amenaza y decidió no acercarse bajo ningún concepto. El tiempo empeoró.
Todavía nos quedaba tiempo para darnos un paseo en la espectacular garganta. La pista transcurre a través de un puente colgante siguiendo la antigua vía del ferrocarril y las minas de oro abandonadas. El lugar es muy interesante y bien merece una visita.

Disfrutamos de una estupenda cena con nuevos amigos y tuvimos la suerte de poder dormir de nuevo en una cama de verdad.

viernes, 27 de noviembre de 2009

De Whangamata a Waihi

La jornada de hoy ha sido mucho más fácil de lo esperado. Los primeros 15 kilómetros fueron llanos y se sintieron muy cómodos sobre ruedas. Había una enorme pendiente antes de llegar a la ciudad, pero nos gustó. Llegamos temprano y el camping de Waihi es muy pintoresco. Montamos la tienda junto a un pequeño arroyo, pero resultó ser una mala idea, ya que se trata de una zona infestada de mosquitos.

Al principio, no nos dimos cuenta, pero al acostarnos en la tienda, sentimos el primer mordisco. Creo que el primer mosquito, después de morder, llama a todos sus colegas para que se den el festín. ¿Quién sabe? Puede que se hayan enfadado, porque hemos montado la tienda donde suelen jugar a cartas por la noche. Yo también me enfadaría.

jueves, 26 de noviembre de 2009

De Tairua a Whangamata

Al ir en bicicleta, no podemos dar nada por sentado. Siempre recordaremos Tairua por la gente tan agradable que tuvimos suerte de encontrarnos y que nos permitieron pasar tres días inolvidables. La gente, el paisaje, las playas, el tiempo perfecto y las sensacionales ciclovías nos hicieron sentir la familia más afortunada del planeta. Salir de Tairua fue, sin duda, una de las decisiones más difíciles que tuvimos que tomar, pero no contar con un camping y el deseo de seguir avanzando fueron los dos factores que nos impulsaron a montarnos en las bicis rumbo a Whangamata. Era difícil sentirnos mejor por todo lo que nos había pasado durante los últimos tres días, pero las condiciones climatológicas nos iban volver a colocar en el mundo real. Todavía no habíamos dejado la ciudad y comenzó a soplar un fortísimo viento de cara. Nos costaba incluso ir cuesta abajo. Por momentos, ¡pedaleábamos a solo 8 km/h cuesta abajo! Los primeros diez kilómetros resultaron durísimos, con fuertes ráfagas de viento que constantemente amenazaban con echarnos de la carretera. Al llegar al cruce donde cogeríamos la carretera principal Vanessa vió una señal que indicaba que todavía faltaban 22 kilómetros hasta Whangamata, cuando nuestro mapa marcaba solo 14. Esto es lo último que nos faltaba después de haber estado peleando contra el viento durante 10 kilómetros. Paramos a descansar, ya que comprobamos que nuestro paso era lentísimo, y además, la carretera comenzaba a empinarse.

Mientras tratábamos de reunir la energía y moral para continuar, una pareja de australianos que habíamos conocido en Whitianga paró a nuestro lado y se unió a nuestro descanso improvisado. Todo lo que necesitamos fueron unas cuantas risas, palabras de ánimo y unas barras energéticas australianas. ¡Un millón de gracias a nuestros amigos australianos! Aunque parezca mentira, a pesar de ser una subida larga y dura, no tuvimos problemas en superarla. En esta parte del país, el paisaje es bastante dramático, con mucho bosque de pinos para la industria maderera. En los lugares en los que se ha producido la explotación forestal, las faldas de la montaña están totalmente desnudas y parece que haya ocurrido un bomardeo. No era algo muy agradable, pero me pareció interesante de algún modo. Tal vez, porque era tan diferente a todo lo que habíamos visto, o porque el impacto de las talas de esta magnitud resulta algo impresionante. Los bosques de pinos no son autóctonos de Nueva Zelanda y muchos ecologistas querrían verlos reemplazados por bosuqes de especies nativas. Estoy de acuerdo, pero debo admitir que los bosques de pinos me parecen muy atractivos. El olor es embriagador y me recuerda al sur de Bélgica. Poblados de pinos majestuosos y yerba en el suelo, este tipo de pinares poseen una tranquilidad y mística muy peculiares.

Después de la subida, nos paramos a comer a la sombra de algunos pinos gigantescos antes de completar los últimos 10 kilómetros. Por primera vez en nuestro viaje, me sentí débil y sin ninguna energía en las piernas. Vanessa pedaleaba con fuerza y Ella cantaba en su carrito, pero a mí me costó muchísimo llegar a Whangamata.

Whangamata no es un mal sitio, pero lo vi a través de los ojos de un ciclista agotado. Tuve que reunir energía para montar la tienda e ir a comprar la cena. No me gustaron ni el camping ni la ciudad. Tras montar la tienda y caminar hasta la ciudad, la situación cambió cuando nos encontramos con una pareja a la que habíamos visto ya varias veces en el Norte, en Mangonui. Nos ofrecieron quedarnos con ellos, así que volvimos al camping a desmontar la tienda. En ese momento ya me encontraba con fuerzas de nuevo y pasamos una gran noche, con una cena deliciosa y una cama de verdad para descansar. Ella pasó una noche de perros.
Estoy seguro de volveremos a encontrarnos con nuestros amigos Daniel, Tina y su hijo Fritz.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

De Hahei A Tairua

Recorrer en bicicleta la distancia de Hahei a Tairua a través de las carreteras Link y Hot Water Beach para después volver por la carretera 25 es una experiencia increíble. Hay que superar una empinada colina justo antes de entrar en Tairua, pero el paisaje es sencillamente espectacular. Con las cumbres de las montañas de Coromandel al fondo, olvidamos que estábamos montados en la bicicleta. Al llegar a la carretera, la pendiente no tardó mucho en aparecer. Al principio, el suelo se va inclinando poco a poco, pero llega un punto en el que la pendiente es demasiado fuerte y, con el sol pegando fuerte, comenzamos a sufrir.

La ruta transcurre por Coromandel Forest Park, lo que proporciona una escena perfecta y llena de vegetación. Nos detuvimos cuando pensábamos que habíamos llegado a la cima, pero nos dimos cuenta de que todavía nos quedaba bastante. En un lugar que solo puede describirse como un parking improvisado, paramos a comer y un señor llamado Pete apareció de entre los árboles. Era un alegre londinense que había estado viviendo en Nueva Zelanda durante los últimos 30 años. El frenético ritmo occidental le había causado una profunda depresión, pero tras superar esa oscura época, había transformado su forma de vida en Tairua. No obstante, este nuevo camino estaba plagado de una serie de símbolos y sueños sobrenaturales que le indicaban cómo vivir, qué hacer y qué escribir. Me dió la impresión de ser una de esas personas que no haría nunca daño a nadie, pero generalmente trato de evitar pasar demasiado tiempo con la gente que no hace más que hablar sobre su vida y sobre cómo podríamos todos vivir sin dinero ni miedos. La presencia de este tipo de personas suele agotar todas mis energías. Nos ofreció quedarnos en su casa, pero yo no tenía ninguna intención de pasarme toda la noche hablando de sus visiones. También nos dijo que deberíamos montarnos a las bicis descalzos, para sentir el flujo de la energía de la Tierra. ¿Qué le pasa a este tío? ¿No ha visto los extremos metálicos y afilados en los pedales? ¿Qué clase de energía vamos a sentir con los pies sangrando por las heridas? De todos modos, es solo una anécdota y si Pete lee esto, no te ofendas, amigo mío. Simplemente, no llegué a conectar con tu energía.

Tras este breve encuentro con el Espíritu Santo, nos dirijimos a la otra parte de la montaña y el paisaje… bueno, esto debía ser lo mejor de Coromandel. Bosques coloreados con todos los tonos de verde y el océano al fondo. Un cielo claro y azul y nosotros, con una enorme sonrisa en la cara al comenzar el descenso a Tairua.

Seguimos las indicaciones del camping, pero no lo encontramos. Preguntamos a un señor en la calle y nos respondió que el camping había cerrado. Parecía inevitable tener que ir a parar al Hotel Self Proclaimed Jezus, pero este simpático señor nos ofreció pasar la noche en su casa de la playa. No lo podíamos creer. Estábamos sin alojamiento y unos minutos después nos encontramos en una enorme mansión en primera línea de playa. Nos llevamos a Ella caminando hasta la ciudad y compramos unas cosas para la noche. Tairua es una localidad encantadora con un ambiente muy tranquilo. Con el océano a un lado, la ciudad se encuentra en una enorme bahía. Ella se lo estaba pasando en grande jugando en un enorme parque. Había un grupo de chicos que saltaban al agua de la bahía desde el puente.
Aquella noche cenamos en una casa de verdad, sentados en la terraza y con unas vistas espectaculares del océano y lágrimas en los ojos. ¿Qué más podíamos pedir? Vanessa, Ella y yo queremos agradecer a nuestros amigos de Tairua su hospitalidad y amistad. ¡Esperamos poder devolverles el favor algún día en Barcelona!


Coromandel

¡Buenos días a todos!

Sentimos no haber podido actualizar el sitio web durante los últimos cuatro días. Nos está yendo bien y avanzamos sin prisa, pero sin pausa. Esperamos poder tener tiempo esta noche y dedicarlo a responder a todos los correos que hemos recibido, así como a actualizar el sitio con las últimas noticias y fotos.

Coromandel es un lugar increíble para hacer ciclismo. Después de pasar un día en la tienda, llegamos a Whitianga siguiendo la carretera 309, que resultó ser una experiencia mágica. Nos quedamos en Hahei, un lugar que parece mejor no visitar en navidades. Fuera de la temporada alta, es espectacular.

Ayer llegamos a Tairuna, desde donde saldremos a Whangamata. Nos lo estamos tomando con calma, porque el paisaje es de una gran belleza y no nos lo queremos perder.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios alentadores, donaciones, sugerencias y preguntas. Muy pronto volveremos a estar con todos vosotros. De nuevo, disculpad el retraso.

martes, 24 de noviembre de 2009

De Whitianga a Hahei

Después de nuestra experiencia de ayer en la 309, pensamos en recorrer otros 30 o 40 km por la costa, pero al llegar a Hahei decidimos quedarnos en la playa durante el resto del día. Desde que llegamos a la península de Coromandel nos resulta difícil no quedarnos en los lugares que visitamos. En Coromandel hubiéramos querido llegar hasta Port Charles, pero esto significa dos semanas más de viaje.

Hemos decidido visitar el país montados en bicicleta, pero en algunas ocasiones nos parece que nos perdemos algo si no paramos. Cuanto más paradas hacemos, más difícil nos resultará llegar al final. Hoy, decidimos que había que relajarse y pasar tiempo en Hahei Beach.

En Whitianga, cruzamos la bahía en ferry. Toda una aventura, ya que las bicicletas y los carritos apenas cabían en la embarcación. Tras ese pequeño saltito, entramos en otro mundo. De las exuberantes montañas del interior pasamos a encontrarnos rodeados de playas increíbles. El cielo azul era perfecto, el calor del sol liberaba un agradable olor a pino, la brisa del océano nos llenaba los pulmones de un aire perfumado y el manglar despedía un fuerte aroma marino… ¡divino!

La ruta a Hahei es relajante y muy sencilla. Apenas encontramos tráfico de camino a la bahía. La carretera se abre paso a través de bosques de pinos y praderas verdes y onduladas. Al fondo, la bahía, con sus manglares que se convierten en tierras pantanosas, son el lugar de encuentro de centenares de vacas desaliñadas. Digo desaliñadas, pero podrían ser perfectamente delgadas por naturaleza. En Europa, estamos acostumbrados a ver unos animales enormes con unas cabezotas gigantescas y patas como tractores, que probablemente se alimentan de puras proteínas procesadas en trituradoras. Tuvimos la sensación de que un halcón nos siguió durante varios kilómetros y, de repente, a unos 100 metros de nosotros, vimos algo que parecía una zarigüeya o un conejo tratando de cruzar la carretera, avanzando medio metro y parándose de nuevo. Pensamos que era un conejo al que había atropellado algún coche, pero resultó ser un armiño arrastrando a un conejo que probablemente había cazado y que le estaba resultando complicado llevar a su cocina particular. No parece muy común ver este tipo de escenas durante el día, pero imagino que el armiño debió tener un golpe de suerte que no quiso desaprovechar.

Las playas de Hahei son de una arena blanca pura y el agua del océano es tan clara que tiene ese color verde azulado que hace que te sientas en el paraíso y pienses que eres la primera persona que ha llegado a la zona.

Nos tomamos la tarde libre y pasamos el resto del día en la playa. Los árboles Pohutukawas se descolgaban de unos acantilados impresionantes y nos pareció el lugar perfecto para comer. Y así fue, frente a las islas que se divisan en el horizonte de esta impresionante bahía, hasta que Ella decidió meter su pie lleno de arena dentro de nuestro plato. Ahí terminó nuestra deliciosa comida playera.

Desde Hahei, hay un agradable paseo hasta Cathedral Cove, una playa a la que, desgraciadamente, no pudimos llegar.

Una puesta de sol inolvidable nos hizo sentir tremendamente felices de estar allí.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Famosos atrapados en Coromandel

Muy buenas,

Ayer llegamos en Coromandel y aqui seguimos. Nuestra idea era salir por la maniana (no tengo enye en este ordenador ingles), pero la lluvia es demasiada intensa y nos encontramos atrapados en un camping vacio...curioso.

Desde que salimos en el periodico New Zealand Herald la gente nos reconoce en la calle y no paran de hablarnos y preguntar. Nos llegan un monton de comentarios por email y cada vez mas gente estan donando dinero y cada vez tenemos mas publico que nos sigue. Me siento como George Clooney aunque a mi la verdad es que no me gusta el Nespresso ese.

La region de Coromandel es impresionante pero ya comentaremos sobre ella cuando tengamos mas fotos.

Un abrazo a todos!!!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Respuesta A Anna Garratt

En la edición del sábado 21 de noviembre del periódicoWeekend Herald, Anna Garrat expresó su preocupación por nuestra manera de viajar, de modo que creemos que es necesario explicar, no solo a Anna, sino también al público en general, cómo está viviendo Ella esta experiencia y cómo es su día a día. El siguiente texto es nuestra respuesta completa y esperamos que se publique tal y como la escribimos:


"En respuesta a Anna Garratt, de Rotorua, por favor, ten la completa seguridad de que únicamente viajamos cuando Ella quiere hacerlo. El promedio de tiempo que pasamos en la carretera es de tres a cuatro horas diarias, y durante el resto del día, Ella se dedica a perseguir a los pájaros; reír y gritar a las vacas y ovejas que nos encontramos durante las comidas junto a la carretera; jugar durante horas con otros niños en las cocinas de los campings (a Ella le encanta lanzar sartenes y cazuelas); dejarse caer en la tienda, porque rebota; pasar tiempo en los parques de los campings; explorar la playa en busca de objetos que pueda lanzar al mar; socializar con las encantadoras personas que vamos conociendo; asombrarse al ver a los delfines en Bay of Islands; correr libremente en los campings; mirar Baby Einstein en nuestro pequeño portátil; pero, sobre todo, lo que más le gusta es poder aprovechar todo su tiempo con sus padres en lugar de estar ocho horas al día en una guardería como la mayoría de niños. Creemos sinceramente que nuestra hija disfruta de mucha más libertad que muchos otros niños que se pasan todo el día en la guardería y, el resto, metidos en casa. A Ella le encanta estar al aire libre. Comparar seis meses de atención completa de sus padres y unas horas al día montada en un carro mientras duerme con una prisión es algo totalmente injustificado.
Nos gustaría invitar a Anna a tomar café con nosotros cuando pasemos por Rotorua, ya que puede tener una idea equivocada de nuestro modo de viajar. No es necesario recordar que anteponemos el interés y la seguridad de nuestra hija en todo momento.

Saludos cordiales
Wouter y Vanessa

Ciudad De Coromandel

Cogimos el ferry desde Auckland hasta la ciudad de Coromandel y al llegar al muelle, Ella no tenía ganas de meterse en el carrito, así que pasamos tres cuartos de hora viéndola jugar en la playa. Para entonces, Rex, de Forest and Bird, ya había llegado al embarcadero en bicicleta para darnos una calurosa bienvenida. Cuando Ella estuvo lista, recorrimos los 10 km hasta la encantadora ciudad. Brillaba el sol, los bares y cafeterías rebosaban de gente y el camping era perfecto. Un día estupendo.

Rex y Lynette nos acompañaron a unos bellos parajes al norte de Coromandel: playas espectaculares con vistas increíbles. Sin embargo, lo que más nos impresionó fue la senda Kauri Grove Walk. La pista se abre camino a través de un exhuberante bosque lleno de especies de árboles autóctonos. Los miembros de Forest and Bird han realizado una gran tarea de replantación y repoblación forestal en Kauri.

La zona de Coromandel necesita voluntarios para que F&B siga funcionando con éxito, así que todo aquellos que estéis pensando en colaborar en la recuperación del entorno natural, ¡poneos en contacto con Forest and Bird!

Nos habían dicho que el punto más septentrional de la península es de una enorme belleza y que allí se está llevando a cabo un importante proyecto en las montañas Moehau, pero, como ya nos ha ocurrido en este viaje a través de Nueva Zelanda, es imposible abarcarlo todo y no pudimos ir. Empezábamos a olvidar que hemos venido a recorrer el país en bicicleta. Finalmente, habremos visto mucho más que la mayoría de turistas que viajan en caravana, pero la bicicleta también nos impone de vez en cuando sus restricciones.

Desde la tienda de campaña veíamos la carretera que sale de Coromandel y comenzamos a temblar ¡vaya cuesta! Yo no podía apartar la vista de aquella carretera, mientras pensaba que era inevitable tener que recorrer ese tramo. Vanessa pensaba que era lo más estúpido que haría en la vida. ¡Deja de mirarla! Por otra parte, Rex nos había hablado de una ruta alternativa: la infame pista 309, un camino por asfaltar que se tragaba a los ciclistas. Rex ya nos había advertido de que se trataba de una empinada rampa que no sería fácil de superar arrastrando los carros por la gravilla. ¿Qué íbamos a hacer? Ya lo decidiríamos al día siguiente.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ciclismo En Nueva Zelanda

Los europeos, suelen considerar a Nueva Zelanda como uno de lugares más increíbles de la Tierra para visitar. Vanessa y yo decidimos recorrerlo en bicicleta, porque estamos acostumbrados a hacer este tipo de viajes y pensamos que es una gran manera de viajar. Siempre hemos querido cruzar Nueva Zelanda de norte a sur y este reto cambió de dimensión al nacer Ella. Nuestra hija ahora tiene 14 meses y está compartiendo con nosotros esta aventura en su carrito.

Antes de llegar a la tierra de la gran nube blanca ya sabíamos que las carreteras neozelandesas no son particularmente buenas para los ciclistas, Y es que, aparte de Holanda, ¿existe otro país con una red tan amplia de carril-bici? La respuesta debería ser afirmativa, ya que algunos países están construyendo redes similares para los ciclistas. Por ejemplo, tiempo atrás, en California, el gobierno y las comunidades locales fomentaron la construcción de una enorme red de carril-bici, aunque la gran mayoría de gente seguía prefiriendo el automóvil. Muchos se preguntaron entonces, ¿para qué gastar tantos recursos en este tipo de vías? El resultado,10 años después, es una gran mayoría de gente ha comenzado a usar la bicicleta para ir al trabajo y para llevar a sus hijos al colegio, porque es más saludable y menos estresante. Cuando se ponen los medios a disposición de la gente, la respuesta suele ser casi siempre positiva.

Nuestra experiencia ciclista en la primera parte del viaje, de Cape Reinga a Auckland, nos dice que Nueva Zelanda necesita desesperadamente un tipo similar de revolución ciclista. Esto convertiría a las ciudades en lugares mucho más acogedores y seguros. Imaginemos una ciudad en la que nuestros hijos puedan jugar tranquilamente en la calle. Esto es totalmente viable, en realidad, ya existe. En países como Bélgica, Holanda, Dinamarca o Alemania, la mayor parte de la gente joven va al colegio o a la universidad en bicicleta. Muchos jóvenes probablemente piensan que es mucho mejor gastarse el dinero en cerveza que en la compra de un coche. En Bélgica, es muy común ver docenas de bicicletas frente a los pubs, tantas que impiden ver parte de la fachada del edificio. No estoy fomentando la conducción en estado de embriaguez, pero todavía no he leído una noticia sobre ningún ciclista borracho que haya atropellado a un peatón.

Tenemos sentimientos encontrados respecto a nuestra experiencia ciclista en el Norte de Nueva Zelanda. Durante los primeros 70 km parecíamos los únicos en la carretera. Los pocos coches y camiones que encontramos mostraron mucho respeto y nos adelantaron guardando una buena distancia de seguridad. Por otra parte, cuando la visibilidad era casi nula, les indicábamos cuando podían adelantar. Nos cruzamos con muchas sonrisas, de simpáticos conductores que mostraban respeto y nos animaban.

A partir de Awanui, la situación cambió radicalmente. El tráfico aumentó y los conductores, aparte de no guardar la suficiente distancia de seguridad, no reducían la velocidad al adelantarnos. Este comportamiento es muy peligroso y sólo suele verse en países en los que la mayoría de los jóvenes nunca han sido ciclistas. Por otra parte, no vamos a decir que los conductores neozelandeses son los peores del mundo. Cuando no existe una infraestructura para promover este tipo de actividad, la gente no entiende la cultura de dos ruedas. No podemos culpar al conductor de un automóvil por no tener un comportamiento que nadie le ha enseñado. En ningún momento vamos a afirmar que los conductores sean agresivos con los ciclistas de manera intencionada, aunque siempre puede haber alguno, mentalmente desequilibrado, que alegue que la carretera no es para los ciclistas. Este tipo de comentario y comportamiento se asemeja más bien al del régimen que causó millones de muertes en Europa hace unos 50 años. Es preferible no malgastar energías en contrarrestar opiniones extremas de este tipo, sino deberíamos más bien tratar de fomentar la inversión en infraestructuras para los ciclistas, ya que esto resolverá muchos de los actuales problemas.

Llevamos toda nuestra vida utilizando la bicicleta en Bélgica y España, hemos recorrido Francia, España el suroeste de Irlanda e Inglaterra, y podemos asegurar que la situación de Nueva Zelanda no es única. En España, no nos atrevemos a salir a las carreteras principales, ya que es demasiado peligroso, además de existir muchos conductores maniáticos en el país. En Irlanda, un enorme camión nos echó fuera de la carretera. Los portugueses suelen tener el mismo comportamiento que los neozelandeses: te adelantan aún que venga un vehículo en la otra dirección y crean una de las situaciones más peligrosas en las que puede verse un ciclista.

Europa no es ningún paraíso para los ciclistas. Tal vez contemos con una mayor concienciación hacia los practicantes del ciclismo, pero esto es únicamente cierto con respecto a unos pocos países y para nada es el caso de los países mediterráneos.

Una de las mayores diferencias entre Nueva Zelanda y la mayor parte de países europeos es que en el Viejo Continente contamos con una enorme red de carreteras. En Europa, si circulas por una carretera muy transitada, al consultar un mapa podrás encontrar fácilmente una vía alternativa. Esto no suele ser así en Nueva Zelanda. Sólo existen dos carreteras desde Cape Reinga a Auckland, y todas las demás alternativas transcurren de este a oeste. Personalmente, no pensamos que contar con tan pocas carreteras sea algo malo, puesto que evita la urbanización de las zonas naturales, algo que los europeos han perdido casi por completo. Aunque suene como una contradicción, construir carriles-bici en estos lugares no tiene ningún impacto medioambiental.

Tras nuestra experiencia en las carreteras transitadas del Norte tenemos claro que, pase lo que pase, debemos circular por vías más tranquilas. Por ejemplo, la carretera de la costa entre Russell y Helena Bay es muy recomendable como alternativa a la autopista, y aunque es dura para recorrer en bicicleta, las vistas son impresionantes.

Esperamos encontrar mejores carreteras al Sur. Ya os contaremos. Podéis seguir nuestra ruta en el mapa interactivo del sitio web.

Saludos

Algunas fotos de nuestro viaje por el norte:

martes, 17 de noviembre de 2009

Nueva Zelanda en bici: cronica de las primeras dos semanas

Muy buenas,

15 de noviembre y acabamos de llegar a Auckland después de haber recorrido la primera etapa de nuestro viaje, desde Cape Reinga hasta Hikurangi. Desgraciadamente nos vimos obligados a subirnos al Northland Express para hacer los últimos 150 kilometros en autobus. Desde Whangarei hasta Auckland solo hay una carretera y es como subirte en bici por una autopista en España, muy mala idea. No estamos dispuestos a correr tanto riesgo y aunque desde Cape Reinga hasta Hikurangi siempre encontrabamos caminos alternativos, la cosa se iba complicando y decidimos hacer el último tramo en los asientos de transporte público.

Tardamos 5 horas para hacer 150 kilometros, sobre todo por culpa del mal estado de la carretera. El autobus estaba lleno de gente gordisima. Tengo amigos que estan gordos por culpa de una enfermedad pero los monstruos que iban a bordo estaban gordos por vicio. 5 horas comiendo galletas, bombones, muffins, no es de extrañar que el pasillo estaba lleno de grasa que rebosaba por los asientos. Por dios, come un poquito menos no?!

Hacer el viaje desde Cape Reinga hasta Hilurangi en bici fue toda una aventura. Durante kilometros y kilometros no hay pueblos ni casas ni tiendas. Los primeros 55 kilometros, desde Cape Reinga hasta Pukenui, solamente hay un camping y una gasolinera. No hay un alma en la calle y vimos 4 coches. Las condiciones meteorologicas son muy extremas; el viento no deja de soplar con una fuerza brutal...las vacas van atadas al suelo porque sino saldrían volando. De hecho, una debió escaparse porque casi me da en el casco por volar tan bajo. La lluvia por esta region no cae, viene de lado. La fuerza del viento hace que la lluvia horizontal te moja primero las bragas y luego la cara, por el rebufo claro.

Nuetra idea de Nueva Zelanda era de un paraíso verde, un pais moderno sin problemas economicos ni pobreza o crímen. Si algun dia te ves en el extremo norte de estas tierras, encontraras un pedazo de tercer mundo. La autopista parece mas bien un camino forestal; la gente vive en pura pobreza, sin acceso a hospital, tienda u otras cosas que consideramos lo mas normal del mundo, casi un derecho. Pues aqui nisiquiera existe y las casas parecen mas bien caravanas o cabañas de madera que apenas se mantienen de pie. Los Maoris, inequivocadamente considerados los primeros habitantes de estas islas,se comieron a los primeros pueblos de Nueva Zelanda, tienen cara de pocos amigos y son todos unos bichos a los que no quieres quitarles el último tobleron. Bicharracos hechos para jugar al rugby o arrancarle el cuello a un belguita. Sin embargo, es gente abierta, simpatica y aunque pobre, muy generosa, una calidad que muchas veces se ve en gente que apenas tienen para sobrevivir. En sitios mas hacia el sur como Kerikeri ha llegado el legado del dinero y se nota que a la gente le cuesta mas compartir. Es como si la pasta les otorga el derecho de decir "esto me pertenece, largate". Tambien parece que en lugares de alta sociedad hay una necesidad de protegerse contra todo lo que no encaja en su mundo y por los suburbios se ven carteles de "neighbourhood watch", lo que quiere decir que el vecino te pegara un tiro o soltara su perro asesino si tienes una pinta distinta. Nueva Zelanda es mucho mas conservador y reliogoso de lo esperado y tiene un aire al extremismo norteamericano. Cuando la religión se vuelve doctrina aparecen normas que perjudican a los que prefieren distanciarse de ella. En numerosas ocasiones hemos visto carteles anunciando la llegada de Jesus y si estamos preparados para ella. Y que dios murió por nuestros pecados...choca y mucho ver estos tipos de mensajes en un paisaje tan majestuoso. Además, a quien lo estan anunciando si no hay nadie? A ciclistas como nosotros? A Jesus ya lo conocemos, solía andar por Hortaleza y estamos preparados para su llegada. Cuando quieras hijo.

Durante 8 meses hemos estado preparando nuestro viaje a Nueva Zelanda y no ha servido de nada. Por mucho que intentamos controlar todos los detalles, el propio viaje sale completamente distinto. Llevamos una carga mucha mas pesada de lo previsto ya que las distancias nos obligan a llevar comida y agua para 3 dias. Aunque parece mentira, aqui tambien tienen problemas de agua dulce y no es posible beber de arroyos, estan todos contaminados con pesticidas. No sabemos quién ha diseñado este pais pero no hay ni un solo tramo llano, las subidas son pronunciadas, las bajadas cortas y las carreteras no son de alquitran sino de pegamento. Las gaviotas te quitan la comida de las manos y si se te ocurre dejar algo de comida fuera de la tienda por la noche, los possums, una especie de marsupial con cara de Mickey Mouse y el carácter de una hiena, te roban todo.
Hay una especie de mosca negra diminuta cabroncete que te come vivo. Nuestras piernas estan llenas de crateres causados por picaduras. Bienvenido al paraiso!!

Es la vida que decidimos vivir durante 6 meses y vale la pena. Es imposible describir con palabras lo que se siente al recorrer en bici un paisaje tan inmenso con manglares interminables, bosques tropicales, bahias de color verde intenso, acantilados impresionantes,...miras donde miras, es pura naturaleza y no vive casi nadie. La sensación de tanta grandeza da alas y por mucho sufrimiento que pueda haber por delante, se te olvida al ver tanta belleza. Menos el dolor de culo, que suele durar hasta bien después de la cena.

La segunda semana de la primera etapa empezó en Paihia, un pueblo insignificante en una bahia llamada Bay of Islands. Desde aqui se llega a Russell en un pequeño ferry que tarda unos 15 minutos pero meter las bicis a bordo fue todo una hazaña. Apenas había sitio para nuestras bicis y los dos carros pero tiene algo especial cruzar el mar con todo nuestro equipaje, uno se siente mas aventurero, aunque nos mareamos casi enseguida. Somos de tierra. Russell es un pueblo muy bonito con las casas y edificios en estilo colonial.

Después de dos dias de relax salimos nerviosos del pueblo ya que los locales nos habían avisado que la carretera que sigue la costa es muy duro por las muchas y largas subidas. Nada mas salir de Russell nos encontramos con un muro que pudo con nosostros pero a partir de este momento el paisaje era tan sobrecogedor que tanta subida ya no asusta.
Despues de 35 kilometros de pedalear duro, paramos en una bahia preciosa y desertica y dormimos en un B+B. Los dueños acababan de sacar un par de kilos de mejillones y cenamos con ellos, mejor imposible. Al lado de donde viven hay un "Pa", una antigua fortaleza de los Maoris y justo debajo, en frente de la playa se encuentra un antigua cementerio Maori. En verdad es mas bien un campo de batalla donde antaño los tribus Maori se pegaron a hostias y dejaron los muertos ahi mismo a pudrir. Para los Maoris, los oponentes muertos no valían la pena enterrarlos. El tiempo ha hecho lo suyo y ahora los huesos y craneos estan bajo kilos de arena de playa pero de vez en cuando una fuerta tormenta desentierra cadaveres y los deja descubiertos en la playa. Nuestros huespedes dicen que con cara muy seria que es mejor ni tocarlos. Tampoco es que pensabamos llevar un craneo en el manillar de la bici como si fuese un trofeo.

Desde el B+B salimos en dirección de Oanuka donde nos quedamos dos dias. El camping es a pie de playa en una bahia preciosa. Conocemos y cenamos con una pareja inglesa que estan recorriendo el pais en tandem. A Ella le gusta el chaval y no deja de besarlo, con lengua y todo. El dia siguiente se nos viene un señor holandés que nos invita a pescar en barco. Me apunto. El barco es asceroso, lleno de intestinos y sangre, cabezas de pescado y el capitan no me traga. Desde el momento que le dije que no habia pescado en mi vida me quiere echar al mar. Un novato, lo que le faltaba para terminar el dia. Intento mantenerme un poco al margen pero no resulta facil en un barco donde no hay ni sitio para sentarse. Sin avisar el tipo abre el gas a tope y casi me quedo en la bahia. Durante media hora va a toda pastilla dirección horizonte. Nos explica como se ha de pescar y que no quiere problemas, siempre mirandome fijamente. El ca***on no me traga de verdad. De repente hay bancos de peces por todos lados, es impresionante. Hay cientos de pajaros tirandose como cohetes al mar y hay hasta pinguinos detras del pescadito. Mientras que yo estoy sacando fotos como un autentico guiri, el dueño del barco nos dice que es hora de pescar. Lo hago mejor de lo que el esperaba y esto le mosquea aun mas.
Por desgracia no tengo suerte y llega el momento que el cabroncete estaba esperando, un fallo mio. Un pajaro marron, grande y con mala leche va detras de mi cebo y se engancha al anzuelo. La madre que me parió. Ahora que? Como que ahora que? Sacalo del agua ya inutil! El pajaro chilla como si lo hubiera hecho queriendo y cuando lo tengo casi a bordo el cabroncete me dice que tenga cuidado, que este pajaro es un bicho feroz y te puede sacar un ojo...Finalmente el holandés me ayuda y liberamos al pajaraco. Tras 3 horas en alta mar nos lleva a otro sitio donde consigo pescar unos 7 peces de tamaño...bueno...sacamos un par de filetes.

Venimos aqui a proteger los pajaros y casi mato uno en plena mar. A todo eso, el dia anterior ya había matado a una golondrina sin querer. No se que pasó pero de repente voló contra mi casco cuando iba en bici y se cayó al suelo. Parecía estar bien y con las golondrinas sabía que se les tira al aire para que cogan vuelo pero este no. Lo lanzé al aire y cayó como una piedra...muerto. Lo siento.

En resumen, a pesar de la golondrinita, nos lo estamos pasando en grande y poquito a poco estamos cogiendo forma. Estamos acostumbrados a la carga y sabemos sufrir. Tenemos varios compromisos con Forest and Bird y nos quedaremos una semana en Auckland para despues seguir hacia Coromandel.
Estamos en contacto.

Por cierto, si os sobra algun eurito, donadlo porfa a Forest and Bird, lo necesitan y todo el esfuerzo que estamos haciendo es para recaudar fondos para esta organización. Muchisimas gracias anticipadas!!!

Un abrazo

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Russell: excursion en barco

Decidimos quedarnos un dia mas en Russell y nos apuntamos a una excursion en barco que pasea por toda la bahia en busca de delfines, ballenas y orcas. Nos lleva también por algunos sitios emblemáticos de la "Bay of Islands" como el "Hole in the Rock", las multiples islas con historias de la era colonial y lugares sagrados de los Maori. Tenemos especial interés en la isla de Urupukapuka, donde el Departamento de Conservacion de Nueva Zelanda junto con la organización Forest and Bird estan llevando a cabo un proyecto de restauración de los pájaros endémicos de la zona.

Salimos a las 09.00 de Russell y 5 minutos después ya tenemos un grupo de unos 15 delfines con crios al lado del barco. Estan tan cerca que puedes ver como nos miran. Es una experiencia única e inolvidable. El viaje sigue hacia las numerosas islas que estan salpicadas por toda la bahia. El paisaje es impresionante. Las islas son como rocas enormes cubiertas de densa vegetación que emergen de un mar verdiazul. Según el barco sale de la bahia principal, el paisaje se vuelve mas exótico y por todos lados hay islitas rocosas llenas de plantas exóticas y playas de arena blanca que contrastan con un mar de color verde. No hay foto que pueda captar la inmensidad y belleza que nos rodea.

Para llegar al "Hole in the Rock", un pedazo de roca de 300 metros con un agujero impresionante a un lado, salimos a mar abierto durante 20 minutos y a toda pastilla. A la derecha hay unos acantilados de 500 metros de altura y en uno de ellos un faro a 400 metros de altura. Por lo visto, en tiempos anteriores hubo 3 parejas britanicas cuidando del faro y consiguieron formar una familia de 15 hijos...supongo que no hubo otro tipo de diversion aqui...

El "Hole in the Rock" es efectivamente un agujero en la roca y aunque impresiona, sigue siendo lo que es, solamente un agujero en la roca. Es uno de estos sitios que la gente visita para luego poder contarlo. Me acabo de apuntar a esa peña.

La magia del dia vino en forma de una ballena de Bryde de 14 metros con su cría. Es imposible describir con palabras lo que se siente al avistar este animal majestuoso a plena mar. A diferencia de los delfines, las ballenas no se acercan a los barcos y pueden ir a una velocidad de 25 nudos, por lo que nuestro capitan le costó muchísimo quedarse cerca de ellas y son tan difíciles de seguir que nisiquiera pudimos sacar fotos. Tenemos el momento tatuado en nuestro cerebro.

La última parada antes de volver a Russell se hace en la isla de Urupukapuka. La isla está controlada por el Departamento de Conservacion en un intento de re-introducir aves endémicas. La isla es de una belleza prístina y la idea del gobierno neozelandés es convertirla y mantenerla en un lugar seguro para las aves de la zona. En breve haremos un artículo sobre las labores que se llevan a cabo aqui.

De vuelta en Russell nos sentimos mas ricos que nunca. Hemos visto delfines, ballenas, una naturaleza de una belleza salvaje y sobre todo, neozelandeses determinados a mantener este paraje tal como es.

Hay varias compañías que ofrecen la misma excursión pero solamente "Explore NZ" dona un porcentaje a la conservación y además usa biocombustible para sus barcos.

Un dia perfecto!

domingo, 8 de noviembre de 2009

A golpe de pedal por Nueva Zelanda - primera semana

Despues de una semanita en Auckland llegó el dia de la verdad. Nuestro amigo Luke nos lleva en coche hasta Cabo Reinga en el extremo Norte desde donde saldremos en bici. Desgraciadamente llegamos muy tarde y nos resulta imposible partir desde el cabo sin correr el riesgo de no llegar a un camping. La unica carretera hacia el sur esta en muy mal estado y hubieramos tardado 2 dias para llegar al siguiente pueblo. 2 dias para hacer 22 km no nos parecio el mejor de los comienzos y asi que empezamos con hacer trampa. Luke nos deja en Waitiki Landing, un "pueblo" que consiste en una gasolinera y un camping. No hay nada y solo se ve gente Maori. El dia siguiente salimos con un miedo en las piernas porque la carga y la nena pesan tanto que nos cuesta salir del camping...la cosa promete.

Sin embargo, una vez rodando, entramos en ritmo y ni las subidas constantes, el aire que sopla tan fuerte que nos echa de la carretera ni las lluvias horizontales pueden con nosotros. Somos la leche!

Al final del dia hemos hecho 53 km por carreteras completamente deserticas, nos han pasado 4 coches quizas? Paramos en Pukenui, un pueblo con supermercado! En los 53 km anteriores no habia absolutamente nada, es increible.

El gran problema que tenemos es que vamos demasiados cargados. Hacer 50 km al dia parece tarea imposible y decidimos bajar las distancias diarias.

Aun asi, los 40 km del segundo dia hasta Awanui nos cuestan muchisimo. A quien se le ocurre hacer tantas subidas en el camino?? Estamos destrozados y esta claro que la estrategia debe cambiar por completo. Tenemos 5 meses y son para disfrutar, no para macharnos. Yo estoy obsesionado con hacer km pero Vane lo tiene claro y razon. Lo hacemos con tranquilidad, parando donde nos apetece y ya veremos donde llegamos. Me cuesta un poco meterme eso en el coco pero lo que sufrimos el tercer dia no deja lugar a duda. Si queremos acabar en el sur del sur, hay que tomarselo con tranquilidad, caso contrario nos vamos a romper.

Ella lo llevaba muy bien hasta el cuarto dia. En el camino hacia Hihi Beach, nuestra hijita no aguanta mas y unos 2 km del camping se pone como una fiera y se niega seguir. No hay manera de meterla otra vez en su carrito. Esta hasta las mismisimas y Vane y yo nos quedamos perplejos en medio de la carretera. No para atras, ni para delante. Decidimos probar seguir con Ella en brazos y yo empujando las dos bicis. Fueron los dos km mas largos de mi vida pero cuando llegamos al camping, todo encaja. Un camping precioso a pie de playa sin otros seres humanos para joder la pelicula, arboles centenarios, pajaritos cantando, un cielo azul y unos propietarios encantandores que nos dejan la ultima botella de vino blanco que queda...esto es vida! Ella revive en la playa y se lo pasa pipa con tantas conchas, piedras, algas y bichitos en este nuevo mundo.

En los dos siguientes dias seguimos sufriendo con las subidas y con el hecho que vamos demasiado cargados pero al final llegamos al pueblo donde descansamos 3 dias seguidos. Kerikeri es el primer pueblo en nuestra ruta que tiene mas de una calle y hemos recorrido 180 km. Este pais esta vacio y Kerikeri tampoco es que digamos un pueblo carnavalero. Hay un ambiente de funeral en las calles, donde esta todo el mundo???? Por lo visto en verano, que empieza el 15 de diciembre, el pueblo se ve desbordado por la cantidad de gente que vienen a pasar sus vacaciones...y para ver los dos supermercados y cuatro tiendas que hay porque bares no hay. No gusta pero en cuanto a paisaje que hemos visto hasta ahora Nueva Zelanda no tiene igual. Es impresionante. En 5 dias hemos visto unos acantilados donde el Pacifico y el mar de Tasmania cochan en plena mar, un espectaculo que te deja sin palabras; dunas tan blancas que nos parecian montañas de sal, carreteras deserticas que pasan por inmensos campos que acaban en el mar; bosques tropicales con arboles de la era jurasica; elechos de 20 metros; gente tan encantandora que es dificil de creer que no te estan intentando vender algo; bahias impresionantes;...Mola.

Por cierto, no hemos tenido tiempo para controlar si esta todo en castellano reconocido por la RAE asin ke, lo ziento zi ay valtas

Hasta la proxima