Hola de nuevo a todos:
El 20 de diciembre, de noche y con lluvia, llegamos a Picton. Sin embargo, no nos preocupaba llegar a estas horas, ya que habíamos reservado una cabaña el día anterior en el camping más pequeño que hemos visto nunca. Salimos rumbo a Havelock por la espectacular carretera de la costa que se abre camino por las bahías Marlborough Sounds. Aunque hay que superar algunas pendientes, no son demasiado exigentes, y el hecho de que haya poco tráfico nos permitió disfrutar de las impresionantes vistas. Havelock es una pequeña ciudad, muy tranquila y con mucha historia, frecuentada por turistas extranjeros. El lugar, situado en un magnífico entorno, bien merece una vista. Al viajar en bicicleta, podemos ver algunos lugares a los que los turistas no llegan. A veces, nos hubiera gustado avanzar con mayor rapidez, pero las piernas, el tiempo o el pequeño terremoto rubio no nos dejan, y creo que es mejor así. De este modo, tenemos el priviliegio de conocer a la gente local de Nueva Zelanda: pescadores, cazadores, enfermeras, trabajadores de supermercados, albañiles, carpinteros, repartidores de periódicos, mensajeros, carteros, mecánicos… todos ellos nos cuentan sus historias y lo más bonito es que tenemos tiempo de escucharlas. Esto nos permite obtener diferentes puntos de vista de gente diversa y hace que Nueva Zelanda haya adquirido un mayor significado para Vanessa y para mí. Estamos encantados.
El día 21, salimos hacia Nelson y sabíamos que iba a ser complicado llegar en un día. El tiempo era magnífico y las carreteras y el tráfico, benévolos con nosotros. Aunque circulábamos por la autopista, hacer ciclismo aquí es completamente diferente a hacerlo en la Isla Norte. Hay mucho menos tráfico y los conductores no son agresivos. Perfecto. No me acuerdo por qué, pero se nos hizo tarde para comer. Comenzamos a preguntarnos si debíamos dejar las dos enormes colinas que teníamos enfrente para el día siguiente. Vanessa pensaba que al menos deberíamos tratar de superar la primera, así que nos pusimos manos a la obra. Hacía calor y la carretera comenzaba a empinarse. El primer kilómetro fue bastante duro, pero no tuvimos tiempo de dejarnos llevar por el pánico, ya que llegamos a la cumbre enseguida. Fácil.Tras seis kilómetros de llano, llegamos al merendero del río Graham, donde decidimos montar la tienda.
El día siguiente nos levantamos temprano y afrontamos la montaña que teníamos delante. Igual que el día anterior, la dura pendiente de la primera parte se suavizó después de recorrer dos kilómetros y pronto nos dimos cuenta de que estábamos bajando sin haber realizado demasiado esfuerzo. Tras un largo y bello descenso llegamos a Hira, donde celebramos con una gran comida en la gasolinera/tienda. Desde allí, el camino hasta Nelson fue bastante fácil. El día era perfecto, el sol brillaba y el viento nos empujaba hacia la ciudad. Hay una ciclovía hasta Nelson, así que no tuvimos que circular por la autopista.
Pasamos los dos días siguientes en Nelson, celebrando la Navidad con un enorme bistec. A Ella le sirvieron una gigantesca hamburguesa vegetariana, pero solo le interesaron las patatas fritas.
Hay muy buen ambiente en Nelson durante la Navidad, así que lo pasamos en grande. El paisaje desde el camping es increíble, la gente muy agradable y las playas, espectaculares. Durante la marea baja, Ella disponía de una zona para jugar tan grande que no se lo podía creer. Corrió y nadó en las piscinas, persiguió a los patos y jugó con los otros niños en el camping.
En Nochebuena, una pareja nos llevó a la ciudad a tomar café. Inmediatamente conectamos y nos invitaron a un desayuno-almuerzo al día siguiente. Por supuesto, aceptamos encantados y conocimos a su hijo, cuñada y nieto. Después de la comida nos fuimos caminando junto a un río cerca de Nelson. Una tarde perfecta con buena conversación y muchas risas. Os digo una cosa, si gobernásemos el mundo, las cosas serían muy diferentes. Compartimos algunas buenas ideas sobre cómo debería ser la vida en la Tierra.
El 26 de diciembre salimos hacia St.Arnaud. Desde Nelson hasta Richmond seguimos el carril-bici y, a partir de ahí, el resto es muy fácil. Al llegar a Belgrove sentimos que no teníamos energía en las piernas y decidimos parar. Aparte de la taberna local, no hay instalaciones en Belgrove, pero los dueños nos dejaron acampar en el jardín. Tras unas cervezas con los lugareños nos sentimos como nuevos. Nuestros anfitriones fueron increíblemente hospitalarios. Nos divertimos mucho.
El 27 de diciembre nos despertamos dentro de la tienda en medio de la lluvia. Estamos en la Isla Sur: puede hacer muy buen tiempo a un lado de la montaña mientras cae una fuerte tormenta en el otro lado. La lluvia caía con intensidad y no podíamos salir. Nuestros anfitriones nos propusieron una solución. Nos llevarían hasta St. Arnaud. A mí me apetecía ir en bicicleta, así que decidimos que Vanessa y Ella irían en coche y yo, en bicicleta. Fue toda una experiencia. Aunque llovía con intensidad a ratos, no hacía frío y el paisaje era increíble. 60 kilómetros de bosque y nubes bajas convirtieron esta travesía en un viaje muy intenso… un día que nunca olvidaré. Aunque las nubes no me permitían ver la mayor parte de las montañas, el espectáculo era majestuoso. Cuando llegué, Vanessa había decidido reservar habitación en un hostal, porque los campings estaban llenos. Al anochecer, las nubes se abrieron y desde la cocina del hostel el paisaje era espectacular.
Estamos viviendo un sueño y no nos queremos despertar.
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