viernes, 4 de diciembre de 2009

Rotorua, segundo día

Todavía seguía lloviendo y decidimos no salir. Mi bicicleta estaba estropeada, así que fuimos a la ciudad y la dejamos en un taller de reparaciones. Nos dijeron que estaría lista al día siguiente. A las 12.30 de la mañana, nos recogió el director de un colegio llamado Kaharoa, donde nos habían pedido que les diésemos una charla a los alumnos sobre nuestro viaje. Este tipo de colegios se conocen en Nueva Zelanda como escuelas medioambientales, y son instituciones en las que se llevan a cabo actividades de conservación de la naturaleza. Algunos de sus proyectos son la construcción de un edificio dedicado al ave Kokako o la implementación de una zona controlada de pesticidas. Estas instituciones realizan una muy valiosa aportación al enseñar a los niños desde temprana edad a comprender que nuestro planeta es vulnerable y tenemos que cuidarlo.

La charla con los niños fue realmente enriquecedora. Les contamos quiénes somos, qué hacemos y por qué, y les encantó. Se interesaron especialmente por cuánto nos quedaba de viaje y si a Ella le estaba gustando el viaje. Ella les cayó bien a todos y al final robó todo el protagonismo. Una gran experiencia. Pasamos el resto del día en Rotorua, viendo escaparates y paseando.

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