Me cuesta escribir algo negativo sobre Nueva Zelanda, porque desde que llegamos, hemos disfrutado de la hospitalidad kiwi y todas las personas que hemos conocido han sido encantadoras. No me parece justo criticar, pero la experiencia de hoy en la carretera ha sido la peor de mi vida como ciclista. Vanessa no piensa lo mismo que yo, así que lo que sigue es mi opinión sobre hacer bicicleta en Nueva Zelanda.
Comenzamos en la autopista y el tráfico era terrible. Había muchos camiones y coches que parecían circular con prisa y me adelantaban a tan poca distancia que, en ocasiones, sentí que el espejo retrovisor me iba a golpear. Decidimos desviarnos por una carretera secundaria llamada Broadlands que llega hasta Taupo, pero todavía fue peor. La vía no tenía arcén y a los conductores parecíamos importarles bien poco. La mayoría de los conductores aquí ni tan siquiera reducen la marcha cuando se nos acercan. Es una situación realmente peligrosa y estresante y comencé a preocuparme seriamente por la seguridad de Vanessa y Ella. Tal vez sea mi incapacidad para bloquear los pensamientos negativos sobre lo que pudiera pasar, pero realmente esta situación está poniendo a prueba mi paciencia. No lo estoy disfrutando y me estoy volviendo cada vez más agresivo. Me pasé la mayor parte del día gritando a los conductores que no respetaban ni la distancia ni la velocidad. No existe en absoluto ninguna concienciación hacia la seguridad de los ciclistas en este país y decidí antes de llegar a Taupo que nunca más iba a circular en bici por las autopistas. Por ejemplo, nunca montaría en bicicleta en la Route Nationale de Francia, pero al menos allí existen ciclorutas, conductores considerados y carreteras alternativas sin tráfico pesado. No voy a volver a llevar a Ella en estas carreteras nunca más.
Reconozco que estamos haciendo esto también por Forest and Bird y que el reto es llegar a Bluff en bicicleta, pero en este momento solo pienso en la seguridad de nuestra hija y todo lo demás es secundario.
Le propuse a Vanessa que nos saltásemos el Norte y fuéramos directos a la Isla Sur, donde esperamos que las carreteras estén menos transitadas y los conductores sean más considerados. Iremos hasta Wellington en transporte público.
En mi opinión, una única cicloruta de norte a sur no resolvería el problema. Lo que este país necesita es una infraestructura de ciclovías que permita a los ciclistas desplazarse de las zonas residenciales a las ciudades sin tener que compartir la carretera con todos esos maníacos. Son necesarias las ciclorutas en todo el país para generar una cultura ciclista. Una vez se tiene la infrestructura, la gente comienza a utilizarla y se forma una nueva generación de conductores de automóviles que también son ciclistas. La gente sería mucho más consciente de su comportamiento en carretera y la vida no sería tan agresiva. Nunca entenderé qué transformación sufren los kiwis al ponerse al volante: tan amigables, pacientes y comprensivos generalmente y, en cambio, tan agresivos, impacientes y suicidas cuando se suben a un automóvil.
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