Recorrer en bicicleta la distancia de Hahei a Tairua a través de las carreteras Link y Hot Water Beach para después volver por la carretera 25 es una experiencia increíble. Hay que superar una empinada colina justo antes de entrar en Tairua, pero el paisaje es sencillamente espectacular. Con las cumbres de las montañas de Coromandel al fondo, olvidamos que estábamos montados en la bicicleta. Al llegar a la carretera, la pendiente no tardó mucho en aparecer. Al principio, el suelo se va inclinando poco a poco, pero llega un punto en el que la pendiente es demasiado fuerte y, con el sol pegando fuerte, comenzamos a sufrir.
La ruta transcurre por Coromandel Forest Park, lo que proporciona una escena perfecta y llena de vegetación. Nos detuvimos cuando pensábamos que habíamos llegado a la cima, pero nos dimos cuenta de que todavía nos quedaba bastante. En un lugar que solo puede describirse como un parking improvisado, paramos a comer y un señor llamado Pete apareció de entre los árboles. Era un alegre londinense que había estado viviendo en Nueva Zelanda durante los últimos 30 años. El frenético ritmo occidental le había causado una profunda depresión, pero tras superar esa oscura época, había transformado su forma de vida en Tairua. No obstante, este nuevo camino estaba plagado de una serie de símbolos y sueños sobrenaturales que le indicaban cómo vivir, qué hacer y qué escribir. Me dió la impresión de ser una de esas personas que no haría nunca daño a nadie, pero generalmente trato de evitar pasar demasiado tiempo con la gente que no hace más que hablar sobre su vida y sobre cómo podríamos todos vivir sin dinero ni miedos. La presencia de este tipo de personas suele agotar todas mis energías. Nos ofreció quedarnos en su casa, pero yo no tenía ninguna intención de pasarme toda la noche hablando de sus visiones. También nos dijo que deberíamos montarnos a las bicis descalzos, para sentir el flujo de la energía de la Tierra. ¿Qué le pasa a este tío? ¿No ha visto los extremos metálicos y afilados en los pedales? ¿Qué clase de energía vamos a sentir con los pies sangrando por las heridas? De todos modos, es solo una anécdota y si Pete lee esto, no te ofendas, amigo mío. Simplemente, no llegué a conectar con tu energía.
Tras este breve encuentro con el Espíritu Santo, nos dirijimos a la otra parte de la montaña y el paisaje… bueno, esto debía ser lo mejor de Coromandel. Bosques coloreados con todos los tonos de verde y el océano al fondo. Un cielo claro y azul y nosotros, con una enorme sonrisa en la cara al comenzar el descenso a Tairua.
Seguimos las indicaciones del camping, pero no lo encontramos. Preguntamos a un señor en la calle y nos respondió que el camping había cerrado. Parecía inevitable tener que ir a parar al Hotel Self Proclaimed Jezus, pero este simpático señor nos ofreció pasar la noche en su casa de la playa. No lo podíamos creer. Estábamos sin alojamiento y unos minutos después nos encontramos en una enorme mansión en primera línea de playa. Nos llevamos a Ella caminando hasta la ciudad y compramos unas cosas para la noche. Tairua es una localidad encantadora con un ambiente muy tranquilo. Con el océano a un lado, la ciudad se encuentra en una enorme bahía. Ella se lo estaba pasando en grande jugando en un enorme parque. Había un grupo de chicos que saltaban al agua de la bahía desde el puente.
Aquella noche cenamos en una casa de verdad, sentados en la terraza y con unas vistas espectaculares del océano y lágrimas en los ojos. ¿Qué más podíamos pedir? Vanessa, Ella y yo queremos agradecer a nuestros amigos de Tairua su hospitalidad y amistad. ¡Esperamos poder devolverles el favor algún día en Barcelona!
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