Anoche, Ella estuvo muy enferma y llegó a los 40,2 grados de fiebre. Estuvimos despiertos toda la noche tomándole la temperatura cada hora y en tres ocasiones la metimos en agua fría para bajarle la fiebre. Sobre las 5 de la mañana, la temperatura corporal le había bajado a 38,2 y era evidente que se sentía mejor. Llamamos a un médico para asegurarnos de que estos síntomas no habían sido causados por alguna enfermedad extraña y el doctor nos aconsejó que estuviéramos pendientes de la fiebre y tratásemos de que no subiera demasiado.
Decidimos llegar a Wanaka tan rápido como pudiésemos, así que salimos de Hawea a las 10.30 de la mañana. Ella se encontraba débil, pero ya no tenía fiebre. Tras solo 15 km llegamos a Wanaka y reservamos una habitación en un motel con unas espléndidas vistas al lago. Ya que Ella todavía se estaba recuperando, y como no habíamos parado durante dos jornadas, pensamos que nos merecíamos un poco de lujo. Por cien dólares la noche, alquilamos una habitación con baño (spa), TV, frigorífico y una terraza que daba al lago y a las montañas. ¡Era hora de relajarnos!
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