En Haast, varios cicloturistas, al ver nuestros carritos, nos recordaron que el Haast Pass es un paso de montaña extremadamente difícil y nos advirtieron de que no iba a ser posible cruzarlo arrastrando tal cantidad de equipaje. A pesar de todo, decidimos intentarlo, aunque con mucha inquietud. Los 45 km que unen Haast con Pleasant Flat fueron de subida constante, sin embargo, no fueron demasiado complicados. Incluso tuvimos tiempo para comer en las cataratas de Roaring Billy, un bonito paraje al que se puede llegar desde la carretera con facilidad en unos 10 minutos caminado por el bosque.
El camping de Pleasant Flat es el único lugar que nos recuerda que hay vida humana en la zona. Durante kilómetros y kilómetros no hay absolutamente nada y las vistas son espectaculares. Los dos elementos que dominan el paisaje son el río Haast y el monte Aspiring. Nada más llegar, encendimos una hoguera, con la esperanza de ahuyentar a los miles de insectos que sobrevuelan la zona, pero no tuvimos suerte. Nos embadurnamos de repelente, pero lo cierto es que hay demasiados, y todos quieren lo mismo: ¡sangre de turista! Ni el repelente más potente que llevamos, puro veneno, funcionó. Los condenados animalillos se posan en la ropa y esperan hasta que desaparecen los efectos del repelente… entonces, atacan. A pesar de haberlo intentado todo, al final nos picaron a los tres, y las mordeduras duelen una barbaridad. Al final, nos escondimos en la tienda. Fuera, cientos de insectos acercándose y tratando de entrar. Estaban dentro las bolsas, en los zapatos, encima de la comida… por todas partes. Pasamos una noche terrible. Aparte de las picaduras, a Ella le están creciendo los dientes y se pasó cuatro horas llorando. No fue la mejor manera de comenzar la empinada ascención de 15 km al Haast Pass.
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