martes, 26 de enero de 2010

De Wanaka a Arrowtown

El lunes, inesperadamente, nos tuvimos que quedar en Wanaka, porque cuando me levanté no me sentía muy bien. Me pasé todo el día en cama, pero hoy ya estoy mejor y he podido seguir a Vanessa durante toda la ascensión al Crown Range hasta Arrowtown. Salimos de Wanaka sobre las 10 de la mañana y hacía muy buen tiempo. Los primeros 25 kilómetros hasta Cardrona no son demasiado complicados, aunque es todo cuesta arriba. Allí nos tomamos un café, nos comimos un pastel de manzana holandés y dejamos que Ella jugara un rato en el jardín del restaurante antes de comenzar la segunda subida.

La pendiente comenzó a empinarse cada vez más, pero todavía podíamos seguir pedaleando sin demasiados problemas. El paisaje es espectacular y la primera parte de la ascensión nos recordó a España. A partir de Cardrona parece que hayas entrado en la Patagonia. El calor era intenso y los últimos 4 kilómetros fueron muy duros. Cuando quedaba 1 km tuvimos que bajar de la bicicleta. No fue fácil arrastrar las bicicletas con ese calor, pero al llegar a la cumbre, la vista de las montañas, el valle y Queenstown es sensacional.

Nos habían dicho que la bajada era peligrosa, así que mantuve una distancia prudencial con Vanessa. No suele arriesgar de manera innecesaria, pero yo me quedé atrás por si acaso. La primera parte de la bajada fue auténticamente espectacular: rampas empinadas y curvas muy abiertas en las que apenas era necesario frenar. Sentí que el carrito iba dando tumbos de lado a lado, así que tuve que disminuir la velocidad… rodaba casi a 80 km/h, no es muy sensato, pensé, cuando arrastras un carro de 50 kg.

La segunda parte del descenso es mucho más peligrosa y tiene muchas curvas de 180 grados, como en los grandes puertos de montaña del Tour de Francia. No calculé bien el peso del carrito y cuando me encontraba casí en la parte final de la bajada sentí que el carro se me acercaba y me lanzaba fuera de la carretera. Me caí sobre el asfalto, él musló impactó contra el manillar y el carrito me golpeó en la rodilla después de hacer un giro de 360 grados. Se me soltó el manillar, la manilla del freno se dobló por completo, la funda del sillín se rompió y un lado del carro está lleno de arañazos. Me levanté, comprobé los golpes y me di cuenta de que estaba bien, ningún hueso roto. Debía haber ido mucho más despacio en las curvas de 180 grados...

En fin, llegamos finalmente a Arrowtown, nos dimos una buena ducha caliente y nos fuimos pronto a dormir, después de un día emocionante y 38 km de subida.

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