domingo, 17 de enero de 2010

De Bruce Bay a Haast

Otra jornada a través de un bosque denso y húmedo, con un sol de justicia implacable. La primera parada del día fue en el lago Paringa, un buen paraje para hacer picnic… si no fuera por los insectos. A Ella no le importó y se fue directa al agua. Más tarde comimos y unos turistas daneses nos invitaron a café. Era imposible meter a Ella en el carrito, así que tuvimos que quedarnos una hora más hasta que estuviera contenta para poder seguir. Convencerla nos costó, además, una barrita de cholocate. No teníamos ni idea dónde íbamos a acampar, porque no hay campings en Haast. Tras superar unas subidas más duras de lo esperado, tal vez a causa del calor, llegamos al lago Moeraki. De nuevo, el paisaje se volvió realmente espectacular y decidimos echar un vistazo en el Moeraki Lodge. Tal vez podríamos quedarnos allí o incluso montar la tienda en algún lugar de la propiedad. La ubicación del Moeraki Lodge es muy privilegiada y tranquila, pero por desgracia, nuestro presupuesto no nos permitió alojarnos en el hotel. Estábamos en un aprieto, porque ahora nos iba a ser imposible volver a meter a Ella en el carrito. El personal del Moeraki Lodge nos volvió a dar una lección de hospitalidad kiwi y se ofrecieron a llevarnos hasta Haast. No pudimos rechazar esa oferta: era toda una suerte y nos sentíamos contentos y agradecidos de que nos llevaran hasta Haast.

Hicimos un paradita en Knight´s Point para ver una colonia de focas tomando el sol y continuamos hasta Haast, donde nos dimos una ducha y comimos. Nos encontramos con una pareja canadiense, con quienes habíamos coincidido en varias ocasiones, y se preguntaron cómo demonios habíamos llegado tan rápido a Haast. Bien, lo sabrán en cuanto lean esta entrada. Lo sentimos, amigos. ¡Hicimos trampa!

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