miércoles, 27 de enero de 2010

De Queenstown a ...

Buenos días:

Ayer llegamos a Queenstown después de un fácil recorrido de 20 km desde Arrowtown. Nos pasamos el día paseando por la ciudad que, a pesar de ser muy turística, es un lugar muy agradable. Hoy salimos hacia Te Anau. Iremos en barco de vapor hasta Walter Peak Station y luego por una carretera secundaria a Te Anau pasando por los lagos Mavora. Tardaremos dos días en llegar allí, así que ya os contaremos el fin de semana.

martes, 26 de enero de 2010

De Wanaka a Arrowtown

El lunes, inesperadamente, nos tuvimos que quedar en Wanaka, porque cuando me levanté no me sentía muy bien. Me pasé todo el día en cama, pero hoy ya estoy mejor y he podido seguir a Vanessa durante toda la ascensión al Crown Range hasta Arrowtown. Salimos de Wanaka sobre las 10 de la mañana y hacía muy buen tiempo. Los primeros 25 kilómetros hasta Cardrona no son demasiado complicados, aunque es todo cuesta arriba. Allí nos tomamos un café, nos comimos un pastel de manzana holandés y dejamos que Ella jugara un rato en el jardín del restaurante antes de comenzar la segunda subida.

La pendiente comenzó a empinarse cada vez más, pero todavía podíamos seguir pedaleando sin demasiados problemas. El paisaje es espectacular y la primera parte de la ascensión nos recordó a España. A partir de Cardrona parece que hayas entrado en la Patagonia. El calor era intenso y los últimos 4 kilómetros fueron muy duros. Cuando quedaba 1 km tuvimos que bajar de la bicicleta. No fue fácil arrastrar las bicicletas con ese calor, pero al llegar a la cumbre, la vista de las montañas, el valle y Queenstown es sensacional.

Nos habían dicho que la bajada era peligrosa, así que mantuve una distancia prudencial con Vanessa. No suele arriesgar de manera innecesaria, pero yo me quedé atrás por si acaso. La primera parte de la bajada fue auténticamente espectacular: rampas empinadas y curvas muy abiertas en las que apenas era necesario frenar. Sentí que el carrito iba dando tumbos de lado a lado, así que tuve que disminuir la velocidad… rodaba casi a 80 km/h, no es muy sensato, pensé, cuando arrastras un carro de 50 kg.

La segunda parte del descenso es mucho más peligrosa y tiene muchas curvas de 180 grados, como en los grandes puertos de montaña del Tour de Francia. No calculé bien el peso del carrito y cuando me encontraba casí en la parte final de la bajada sentí que el carro se me acercaba y me lanzaba fuera de la carretera. Me caí sobre el asfalto, él musló impactó contra el manillar y el carrito me golpeó en la rodilla después de hacer un giro de 360 grados. Se me soltó el manillar, la manilla del freno se dobló por completo, la funda del sillín se rompió y un lado del carro está lleno de arañazos. Me levanté, comprobé los golpes y me di cuenta de que estaba bien, ningún hueso roto. Debía haber ido mucho más despacio en las curvas de 180 grados...

En fin, llegamos finalmente a Arrowtown, nos dimos una buena ducha caliente y nos fuimos pronto a dormir, después de un día emocionante y 38 km de subida.

domingo, 24 de enero de 2010

Relax en Wanaka

Estamos pasando el fin de semana en Wanaka, descansando y paseando como unos auténticos turistas... y lo estamos aprovechando.

Wanaka es un lugar encantador, situado junto al lago y rodeado de montañas. El ambiente es muy tranquilo, aunque no aburrido. Hay un montón de cosas para hacer durante el día. Los turistas van al montar en monopatín a un parque debidamente habilitado, salen a correr, practican ciclismo, vela o esquí náutico, caminan junto al lago, toman el sol, montan a caballo…
Solo llevamos aquí dos días y ya hemos visto un torneo de monopatinaje, una competición de mountain bike y otra de vela, hemos ido a un cine al aire libre en el parque y a un mercado de artesanos… y a todo esto hemos llegado andando desde el motel. El lugar tiene mucha actividad sin ser demasiado turístico. Nos ha parecido un lugar extraordinario para descansar. Por otra parte, las bicicletas necesitaban una buena limpieza y revisión, así que las llevamos al taller para comprobar que todo estaba en orden. Las pastillas de freno de la bici de Vanessa estaban totalmente gastadas y había que cambiarlas. Su bicicleta también estuvo chirriando durante las últimas tres semanas debido a un desajuste del eje trasero y los mecánicos también lo repararon. Una de las abrazaderas de mi bici se estaba desgastando por el peso del carrito y tuvimos que cambiarla. Un periodo de tres meses en la carretera arrastrando dos carritos es mucho peso para las bicicletas y finalmente hay piezas que deben cambiarse. Con las bicis, piernas y mentes renovadas saldremos mañana hacia las montañas Crowne, una subida de 40 km, pero antes vamos a disfrutar de un domingo relajado y del tiempo cambiante de Wanaka...

viernes, 22 de enero de 2010

Del lago Hawea a Wanaka

Anoche, Ella estuvo muy enferma y llegó a los 40,2 grados de fiebre. Estuvimos despiertos toda la noche tomándole la temperatura cada hora y en tres ocasiones la metimos en agua fría para bajarle la fiebre. Sobre las 5 de la mañana, la temperatura corporal le había bajado a 38,2 y era evidente que se sentía mejor. Llamamos a un médico para asegurarnos de que estos síntomas no habían sido causados por alguna enfermedad extraña y el doctor nos aconsejó que estuviéramos pendientes de la fiebre y tratásemos de que no subiera demasiado.

Decidimos llegar a Wanaka tan rápido como pudiésemos, así que salimos de Hawea a las 10.30 de la mañana. Ella se encontraba débil, pero ya no tenía fiebre. Tras solo 15 km llegamos a Wanaka y reservamos una habitación en un motel con unas espléndidas vistas al lago. Ya que Ella todavía se estaba recuperando, y como no habíamos parado durante dos jornadas, pensamos que nos merecíamos un poco de lujo. Por cien dólares la noche, alquilamos una habitación con baño (spa), TV, frigorífico y una terraza que daba al lago y a las montañas. ¡Era hora de relajarnos!

jueves, 21 de enero de 2010

De Makarora al lago Hawea

Esta mañana, el clima tenía muy mala pinta, no paraba de llover. Sin embargo, cuando estábamos preparados para salir, el día comenzó a despejarse. Los primeros 17 km no fueron muy difíciles, y además tuvimos un viento de cola que nos empujaba mientras bordeábamos el lago Wanaka. Después de una larga subida, llamada "el Cuello", llegamos al lago Hawea. El paisaje cambió por completo. Dejamos atrás los bosques y las montañas alpinas y entramos en país distinto, que se parecía a Escocia. Paramos a comer y notamos que Ella no estaba bien: tenía fiebre. Inmediatamente subimos a la bicicleta para llegar cuanto antes a Hawea, pero los últimos 20 km fueron más duros de lo esperado. Hay unas cuantas rampas empinadas en los alrededores del lago y nos costó mucho superarlas. Cuando estábamos a tan solo 9 km de nuestro destino, Ella comenzó a quejarse y no la pudimos dejar más tiempo en el carro. Hicimos autostop durante un rato, hasta que una pareja de California llevó a Vanessa y a Ella a la ciudad. Dejamos la bicicleta de Vanessa en la cuneta y yo pedaleé hasta Hawea.

La misma pareja me volvió a llevar hasta el lugar donde habíamos dejado la bici de Vanesssa y volví a la ciudad. Cuando llegué al motel, Vanessa había reservado una bonita habitación con unas vistas espectaculares al lago. Ella llegó a tener 38,7º de fiebre.

miércoles, 20 de enero de 2010

De Pleasant Flat a Makaroa

Después de nuestra lucha con los insectos, recogimos nuestras cosas tan pronto como pudimos, pero ¿nos iban a dejar tranquilos aquellos cabroncetes? ¡Ni hablar! Siguieron ávidos de sangre. Comenzamos a las 10.15 esta mañana, temiéndonos lo peor. Los primeros 5 km fueron fáciles, pedaleando bajo una fina lluvia. Después, la carretera comenzó a empinarse hasta que llegamos al puente Gates of Haast. Cruzar el puente en bicicleta es una experiencia sensacional, realmente impresionante, con todas aquellas montañas nevadas. Después del puente, la pendiente es tan fuerte que tuvimos que parar, tras intentar recorrer unos 500 metros. Las caravanas casi no podían subir y nosotros empujábamos las bicicletas cuesta arriba. De vez en cuando, yo intentaba pedalear, pero no conseguía recorrer más de 100 metros, hasta que conseguí ganar algo de distancia con respecto a Vanessa. Dejé la bicicleta y bajé a pie a ayudarla a arrastrar la suya. Unos 2 km más arriba, la pendiente vuelve a suavizarse y durante los siguientes 10 km pudimos seguir… hasta que llegamos a otra rampa empinadísima de 1,5 km y comenzamos a temblar, pero finalmente logramos superarla sin bajarnos de la bici. Después de ese tramo, la carretera es relativamente llana hasta el Haast Pass. ¡Lo conseguimos! Toda la ascensión discurre por un paisaje realmente espectacular. La bajada a través del bosque también fue increíble.

Comimos en Cameron Flat y continuamos hasta Makaroa, en medio de una lluvia intensa. En Makarao alquilamos una cabaña, donde estamos ahora mismo, disfrutando de una cerveza fría y un entorno libre de insectos. ¡Salud!

martes, 19 de enero de 2010

De Haast a Pleasant Flat

En Haast, varios cicloturistas, al ver nuestros carritos, nos recordaron que el Haast Pass es un paso de montaña extremadamente difícil y nos advirtieron de que no iba a ser posible cruzarlo arrastrando tal cantidad de equipaje. A pesar de todo, decidimos intentarlo, aunque con mucha inquietud. Los 45 km que unen Haast con Pleasant Flat fueron de subida constante, sin embargo, no fueron demasiado complicados. Incluso tuvimos tiempo para comer en las cataratas de Roaring Billy, un bonito paraje al que se puede llegar desde la carretera con facilidad en unos 10 minutos caminado por el bosque.

El camping de Pleasant Flat es el único lugar que nos recuerda que hay vida humana en la zona. Durante kilómetros y kilómetros no hay absolutamente nada y las vistas son espectaculares. Los dos elementos que dominan el paisaje son el río Haast y el monte Aspiring. Nada más llegar, encendimos una hoguera, con la esperanza de ahuyentar a los miles de insectos que sobrevuelan la zona, pero no tuvimos suerte. Nos embadurnamos de repelente, pero lo cierto es que hay demasiados, y todos quieren lo mismo: ¡sangre de turista! Ni el repelente más potente que llevamos, puro veneno, funcionó. Los condenados animalillos se posan en la ropa y esperan hasta que desaparecen los efectos del repelente… entonces, atacan. A pesar de haberlo intentado todo, al final nos picaron a los tres, y las mordeduras duelen una barbaridad. Al final, nos escondimos en la tienda. Fuera, cientos de insectos acercándose y tratando de entrar. Estaban dentro las bolsas, en los zapatos, encima de la comida… por todas partes. Pasamos una noche terrible. Aparte de las picaduras, a Ella le están creciendo los dientes y se pasó cuatro horas llorando. No fue la mejor manera de comenzar la empinada ascención de 15 km al Haast Pass.

Todavía no hemos subido ninguna foto. La conexión a internet es demasiado lenta.

lunes, 18 de enero de 2010

Haast

Pasamos una noche terrible. No pudimos pegar ojo, porque el tipo de la habitación contigua había estado roncando como un jabalí toda la noche, como si estuviera avisando a otros animales de bellota a no acercarse. En unas cuantas ocasiones me dieron ganas de decirle que se callara, pero me puse los auriculares. Prefiero estar despierto con un sonido de fondo que yo mismo haya elegido, y no con los terribles rugidos de un tipo así.

A las cinco y media de la mañana, Ella comenzó a llorar, porque le picaban las mordeduras de los insectos. Pobrecita, los malditos mosquitos la estaban atormentando. Finalmente pude dormirme, y cuando me desperté, ya eran las nueve y media, demasiado tarde para salir. Decidimos quedarnos, lo cual no fue tan mala idea, ya que podríamos descansar antes de afronta el Haast Pass.

El Haast Pass es es el paso de menor altura de los Alpes del Sur. Aún así, estamos algo nerviosos, puesto que se trata de una subida de 60 km. Los primeros 45 km consisten en una subida gradual hasta Pleasant Flat (algo así como, “Llano Fácil”), y a partir de ahí, imagino que se volverá Awkward Steep (tal vez, “Cuesta Horrible”). ¿Quién puso estos nombres? “Vivo en Pleasant Flat”? No sé si voy a poder arrastrar el carrito hasta la cima, pero lo intentaré. A Vanessa le encanta la montaña, así que cuando yo haya terminado, me la volveré a encontrar tomando café.

No tendremos internet ni cobertura en el móvil hasta Wanaka.

domingo, 17 de enero de 2010

De Bruce Bay a Haast

Otra jornada a través de un bosque denso y húmedo, con un sol de justicia implacable. La primera parada del día fue en el lago Paringa, un buen paraje para hacer picnic… si no fuera por los insectos. A Ella no le importó y se fue directa al agua. Más tarde comimos y unos turistas daneses nos invitaron a café. Era imposible meter a Ella en el carrito, así que tuvimos que quedarnos una hora más hasta que estuviera contenta para poder seguir. Convencerla nos costó, además, una barrita de cholocate. No teníamos ni idea dónde íbamos a acampar, porque no hay campings en Haast. Tras superar unas subidas más duras de lo esperado, tal vez a causa del calor, llegamos al lago Moeraki. De nuevo, el paisaje se volvió realmente espectacular y decidimos echar un vistazo en el Moeraki Lodge. Tal vez podríamos quedarnos allí o incluso montar la tienda en algún lugar de la propiedad. La ubicación del Moeraki Lodge es muy privilegiada y tranquila, pero por desgracia, nuestro presupuesto no nos permitió alojarnos en el hotel. Estábamos en un aprieto, porque ahora nos iba a ser imposible volver a meter a Ella en el carrito. El personal del Moeraki Lodge nos volvió a dar una lección de hospitalidad kiwi y se ofrecieron a llevarnos hasta Haast. No pudimos rechazar esa oferta: era toda una suerte y nos sentíamos contentos y agradecidos de que nos llevaran hasta Haast.

Hicimos un paradita en Knight´s Point para ver una colonia de focas tomando el sol y continuamos hasta Haast, donde nos dimos una ducha y comimos. Nos encontramos con una pareja canadiense, con quienes habíamos coincidido en varias ocasiones, y se preguntaron cómo demonios habíamos llegado tan rápido a Haast. Bien, lo sabrán en cuanto lean esta entrada. Lo sentimos, amigos. ¡Hicimos trampa!

sábado, 16 de enero de 2010

De Fox a Bruce Bay

Desde que salimos de Westport, la autopista 6 discurre en zigzag junto a la costa occidental: los ángulos salientes llegan hasta la playa y a los acantilados; los entrantes se adentran en el bosque o se abren camino a través de los Alpes Neozelandeses hasta el pie de los glaciares y de unas montañas de 4000 metros.
Salir de Fox en esta dirección significa dejar las montañas y acercarse al mar cruzando el bosque, y hacía mucho calor para eso. Sentíamos la humedad en la cara y, al quitarnos la camiseta, daba la sensación de perder una capa de piel. Sin embargo, fue todo un cambio comparado con las terribles condiciones de días anteriores.

Durante la mayor parte del día, la carretera fue puro descenso, pero Ella no estaba muy contenta. Después de recorrer 17 kilómetros, tuvimos que detenernos para que Ella pasara un rato fuera del carrito. Una hora después, cruzamos por un bosque que parecía impenetrable a pie. La densa vegetación, la innumerable cantidad de insectos y el terreno pantanoso de los bosques convierten a este país en un paraíso para la vida animal y una pesadilla para los excursionistas. Durante kilómetros y kilómetros, únicamente se divisa un bosque impenetrable que sigue hasta las paredes de las enormes montañas en el horizonte. Esta enorme masa forestal termina cuando la altura de los Alpes es demasiado elevada para que crezca este tipo de vegetación y el paisaje se vuelve de alta montaña. Con el mar a pocos kilómetros, el paisaje es realmente espectacular. Se pueden ver gaviotas y cormoranes sobrevolando el bosque, palomas torcaces aterrorizadas tras divisar un halcón, zarigüeyas muertas en la carretera cuyos cuerpos en descomposición apestan, insectos que te atacan en cuanto te paras, arroyos que se abren paso a través del bosque y pequeñas charcas que huelen a vegetación descompuesta.

Las especies de árboles autóctonos, principalmente kahikatae y rimu, se levantan por encima de nuestras cabezas y albergan otras otras especies de plantas, como si se tratara de un bloque de apartamentos. Algunos ejemplares alcanzan los 55 metros, pero parecen más altos con los troncos sin ramas. Esta es la razón por la cual vine a Nueva Zelanda, para ver la naturaleza en su estado más puro. Durante la mayor parte del día, pedaleé con la vista puesta en el bosque o en las copas de los árboles.

Queríamos parar en el río Jacob, pero no encontramos alojamiento. Continuamos hasta Bruce Bay, donde la carretera finalmente vuelve a la costa. La playa era increíble, salvaje… ¡e infestada de insectos! Solo hay un lugar donde alojarse en Bruce Bay y estaba completo, pero los simpáticos dueños nos ofrecieron una pequeña cabaña junto al río. Era perfecta y después de recorrer 47 km bajo el sol, estábamos muy contentos de tener tanta suerte y disponer de una casa entera para nosotros solos. Nos dimos un chapuzón en el río, tomamos una comida con muchos carbohidratos y ¡miramos la tele!

viernes, 15 de enero de 2010

De Franz Jozef a Fox

Ayer tuvimos el día libre en Franz Jozef y Vanessa hizo una excursión de medio día al glaciar. Yo me fui a caminar con Ella y Jeremy, un amigo ciclista con quien nos hemos encontrado varias veces en la carretera, hasta el pie del glaciar. Es un paseo agradable y, además, tuvimos suerte con el tiempo. A Ella le encantó, porque no paró de encontrarse piedras para tirar al agua. Es una lástima que el lugar se haya convertido en el mayor reclamo turístico de la costa occidental neozelandesa. La localidad de Franz Jozef está repleta de hoteles para turistas y ha perdido su carácter kiwi. Aún así, lo pasamos muy bien.

Habíamos pensado salir temprano, porque hay tres tramos duros de subida antes de llegar a Fox, pero Ella lo estaba pasando tan bien que no partimos hasta las 10.30 de la mañana. Para entonces, hacía bastante calor, pero ¿nos vamos a quejar a estas alturas? De los 25 km de distancia que nos separan de Fox, hay 12 que son de subida y resultaron muy duros. A decir verdad, para mí ha sido el tramo más duro desde que llegamos a Nueva Zelanda. La primera parte es complicada, con rampas empinadas, pero cuando la carretera se suavizó, yo estaba que ya no podía más. Vanessa escalaba como una cabra montesa y yo decidí no seguirla, porque me hubiera destrozado. La segunda subida está muy pegada a la primera, sin apenas tiempo de descanso. El paisaje es increíble: estamos hablando de alta montaña con picos nevados y valles verdes. En la segunda subida, sufrí un terrible desfallecimiento. Al principio, traté de salir del valle, pero las piernas no me respondieron. El carrito es demasiado pesado y tuve que parar cada 200 metros para reponerme. Había perdido de vista a Vanessa. Cuando finalmente llegué a la cima, pensé que ya había finalizado mi sufrimiento. La subida había terminado, así que comencé a reír a carcajadas al encarar la empinada bajada. Las carcajadas se convirtieron de repente en un grito de deseperación cuando vi que la carretera volvía a subir después de cruzar un puente.
No podía creerlo. ¿Cómo podía haber olvidado que no había dos, sino tres subidas? La tercera subida, mucho más empinada que las anteriores, se convirtió en una tarea imposible. Me bajé de la bicicleta y traté de arrastrala hasta la cima, pero era todavía peor que pedalear. Esperé unos quince minutos para recuperarme y lo intenté de nuevo. No recuerdo las veces que tuve que parar antes de comenzar el descenso a Fox, pero cuando llegué al pueblo, apenas podía caminar. Me encontré a Vanessa tomando café, sonriendo, como si la estapa de hoy hubiera sido coser y cantar...

Nos comimos una enorme hambuerguesa y dormimos como unos reyes.

jueves, 14 de enero de 2010

Glaciar Franz Josef

Ayer, Vanessa dio una vuelta por el glaciar.

De Hari Hari a Franz Josef

Comenzamos el día con una carretera empinadísima llamada Monte Hércules... pero es la 1.15 de la noche, así que ya os lo contaremos otro día. Buenas noches

De Ross a Hari Hari

Hoy salimos muy temprano con buen tiempo. Perdí a Vanessa de vista en las primeras rampas, mientras la carretera transcurría entre un bosque denso, pero nos volvimos a reencontrar en un lago con unas vistas espectaculares de los Alpes del Sur. Comimos junto al lago y Ella se divirtió mucho bañándose. Nos costó sacarla del agua, porque no quería salir y se puso a grira y a patalear. ¡Le encanta el agua!

Durante el resto de la jornada, la carretera fue bastante llana, lo cual no le gusta a Vanessa. En cambio, el paisaje comenzó a mejorar a medida que nos íbamos acercando a las montañas. Tuvimos que cruzar varios ríos muy amplios.

Nuestros anfitriones en Ross hablaron con unos amigos en Hari Hari para que nos alojaran en su granja. De nuevo, volvimos a recibir un trato excepcional y pasamos una buena noche en una especie de establo reconvertido en casa de huéspedes. A Ella le encantó, porque nuestros anfitriones tienen cuatro hijos, un perro, gallinas, ovejas y una cama elástica... uno de los pasatiempos favoritos de Ella.

lunes, 11 de enero de 2010

De Hokitika a Ross

Ayer, solo recorrimos 28 km, pero al llegar a Ross, el destino nos llevó a encontranos con Lisa, que había viajado en bicicleta por todo el mundo con su marido vasco, Xabi. Nos quedamos con ellos en su casa en Ross y lo pasamos muy bien. Hicimos una barbacoa, pasamos la noche en una caravana en el jardín y, a mitad noche, Vanessa y yo tuvimos que levantarnos a hacer pipí… toda una suerte, porque de otro modo no hubiésemos visto el espectáculo de estrellas en el cielo… ¡increíble!

domingo, 10 de enero de 2010

De Charleston a Hokitika

No hemos podido actualizar el blog desde Charleston, pero en esta nueva entrada cubriremos los trayectos de Charleston a Punakaiki, de Punakaiki a Barrytown, y posteriormente, a Greymouth. Finalmente, de Greymouth a Hokitika, donde nos hemos vuelto a quedar atrapados a causa de la lluvia. La carretera que sigue hacia el sur se ha inundado y está cerrada. Esperaremos el siguiente parte meteorológico. Parece que el tiempo va a mejorar mañana, así que tal vez intentemos volver a salir. Decidimos tomarnos con calma la ruta de Hokitika al glaciar Frans Jozef y calculamos unos cinco días de trayecto.

El tramo de Charleston a Punakaiki fue muy bonito. Cuando llegamos a Charleston tuvimos tiempo de hacer una caminata por la costa. Recomiendo una paradita en esta pequeña localidad, sin tiendas, y el paseo por la costa, porque es espectacular. El recorrido transcurre, entre plantas de lino de tres metros de altura (parecida al género agave, aunque no guarda relación), por caminos llenos de barro en un paisaje lleno de acantilados. Las vistas son increíbles y el Mar de Tasmania estaba especialmente agitado. Desde lo alto de los acantilados se divisaban leones marinos nadando entre el oleaje. El estruendo de las olas al golpear las rocas debe haberse parecido mucho al provocado por un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando salimos de Charleston y nos dirigimos a la costa tuvimos que superar algunas pendientes realmente duras. Vanessa volaba sobre la bicicleta y no fui capaz de seguirla en esa zona de montaña. Mientras luchaba por pedalear en la última pendiente, perdí de vista a Vanessa. La bajada hasta la autopista West Coast Highway 6 es un recorrido espectacular. Hacia el norte podíamos ver la silueta de los acantilados entre la neblina de la mañana. Apenas había tráfico y el viento era favorable.
Junto a nosotros, las montañas se cubren de un verde intenso.

Más adelante, el camino se torna más llano.

Ahora, solo se oye el rumor de las olas mientras la niebla deja paso a los rayos de luz del sol…
Bueno, se nota que lo mío no es la poesía, pero este lugar te despierta una vena poética. Sin duda, esto debe de ser muy bueno para el espítiru.
Llegamos finalmente a Punakaiki, a un camping con pocas facilidades para ciclistas, pero ¿qué más da? Nos comimos una enorme hamburguesa en la taberna local y fuimos a ver algunas formaciones geológicas famosas: rocas y géiseres… Aunque el lugar está lleno de turistas, bien merece una visita. Las formaciones rocosas son muy peculiares y el efecto de las olas golpeando la costa es ciertamente espectacular.

La mañana siguiente tratamos de llegar a Greymouth, pero después de recorrer 16 km, la lluvia caía con tanta intensidad que decidimos parar en el All Nations Hotel de Barrytown… y no lo íbamos a lamentar. Tan pronto como paramos, la lluvia se convirtió en una terrible tormenta. Los dueños del hotel son encantadores y por la noche nos reímos un rato con ellos y con los lugareños. Muy buena energía y uno de esos lugares que nos hubiéramos de no haber sido por la lluvia.

De Barrytown a Greymouth solo hay 22 km, así que llegamos enseguida y con buen tiempo. Nos habían dicho que Greymouth era una ciudad muy fea, pero no nos lo pareció. Nos gustó pasear por las calles. Alquilamos una cabaña en el camping y conocimos a una pareja alemana con dos niños, de diez meses y dos años y medio… palabras mayores. Tuvimos muchísimas cosas de las que hablar e intercambiamos ideas y experiencias. Cenamos, bebimos vino juntos y lo pasamos en grande. Se esperaba un tiempo horrible para el día siguiente, pero tuvimos suerte. Después de desayunar y ver fotos de familia con nuestros amigos alemanes, a quienes esperamos volver a ver en Queenstown (ellos decidieron cruzar hasta Christchurch mientras que nosotros nos dirigimos más al sur), nos montamos a la bicicleta rumbo a Hokitika. No hay mucho que contar sobre esa jornada. 40 km de carreteras llanas en una costa llana. No es un paisaje feo, pero estábamos mal acostumbrados después de las vistas espectaculares de los días anteriores.

Y aquí seguimos, en Hokitika. La lluvia cae como si se acabara el mundo. Las calles y las carreteras están inundadas. Si tenemos suerte, mañana podremos seguir hacia el sur.

LAS SIGUIENTES FOTOS NO HAN SIDO REVISADAS. ALGUNAS IMÁGENES NO SON EXACTAMENTE MATERIAL DE EXPOSICIÓN (pondremos en orden esta entrada cuando dispongamos de más tiempo y de una mejor conexión a internet)


De Westport a Charleston




De Charleston a Punakaiki




De Punakaiki a Barrytown




De Barrytown a Greymouth




De Greymouth a Hokitika

jueves, 7 de enero de 2010

Atrapados en Barrytown

Habíamos decidido ir de Westport a Charleston y posteriormente a Greymouth, pero ahora estamos atrapados en Barrytown a causa de la lluvia. El tiempo fue extraordinario durante un par de días, pero hoy la lluvia ha vuelto a aparecer. Intentamos recorrer el trayecto de Greymouth a Punakaiki, pero las condiciones atmosféricas no eran buenas.

No lamentamos haber decidido continuar. La muñeca no me duele demasiado y el paisaje de la costa Occidental es espectacular.

Hoy trataremos de cargar algunas fotos en el sitio web. A ver si el tiempo mejora mañana.

lunes, 4 de enero de 2010

De Westport a ....

Buenos días a todos:

Después de esperar durante tres días a que pare de llover, ya hemos tenido suficiente y vamos continuar, aunque el tiempo no ha mejorado. Nos hemos cansado de estar esperando en un hostel y, además, necesitamos llegar a Westport.

Por si esto no fuera suficiente, han aparecido otros problemillas. Vanessa tiene un dolor de muelas horrible y yo fui al hospital y me dijeron que tenía una torcedura de muñeca. Debería estar en reposo durante dos semanas, pero eso significaría el fin de nuestro viaje. Vamos a probar hoy, a ver si la cosa mejora.
Crucemos los dedos.

domingo, 3 de enero de 2010

De Murchison a Lyell

El día 1 de enero nos levantamos con una enorme resaca y habiendo dormido solo cinco horas. Aún así, decidimos montarnos en la bicicleta. Llegamos hasta Lyell, un recorrido más bien fácil, cuesta abajo y con el calorcillo del sol. El camping DOC de Lyell se encuentra en medio de un paisaje espectacular. Llegamos temprano, así que salimos a caminar a las montañas durante unas dos horas. Los bosques en este lugar son increíbles, exhuberantes, de un verde intenso, y muy húmedos, con pequeñas cascadas que descienden desde lo alto de las montañas. Un ejemplar de Weka, una especie de pájaro local, se pasó el día entrando y saliendo de nuestra tienda, buscando comida. Ella lo persiguió hasta que el pajarito se cansó y desapareció.

Al comenzar la tarde, el viento empezó a soplar y nos fuimos pronto a dormir. Sin embargo, nos despertamos a causa del estruendo de una intensa lluvia, sin poder pegar ojo durante la mayor parte de la noche. El sonido de la lluvia al golpear la tienda era muy fuerte, realmente impresionante.

Al despertarnos por la mañana, nos encontramos con un panorama desconcertante. La lluvia, que seguía cayendo con fuerza, había convertido en un lago la parte delantera de la tienda, y el agua comenzaba a entrar en la parte posterior. Rápidamente recogimos el equipaje y lo escondimos en un lugar protegido en la parte alta del camping. Había otras personas, pero no pudieron ayudarnos. Sus caravanas estaban llenas y no tenían sitio para guardar nuestras cosas. Estábamos en un aprieto y no paraba de llover. En un último y desesperado intento, me acerqué a la caravana de una pareja alemana que nos ofrecieron llevar a Vanessa y a Ella hacia Westport, que era mi mayor preocupación. No me apetecía nada subirme a la bici en esas condiciones, pero no quería que Ella pasara más tiempo expuesta a esas condiciones atmosféricas. Las carreteras estaban inundadas, y justo cuando me estaba preparando para salir, Ben y Saskia llegaron al camping. Vanessa y yo casi nos pudimos a llorar. Es difícil explicar nuestro estado de ánimo al verlos. Los besamos como si fuesen familiares a quienes no hubiésemos visto durante años. ¡Una alegría indescriptible! Metimos el equipaje en su caravana y, de camino a Westport, nos dimos cuenta de que hubiera sido un infierno recorrer ese trayecto en bicicleta. La lluvia empeoró al acercarnos a Westport. En la carretera se formaban cascadas por todas partes y había rocas enormes en medio de la calzada… terrible. ¡Bienvenidos a la Isla Sur!

Al llegar a Westport reservamos una habitación en el hostel Trip Inn Backpackers, mientras que Ben y Saskia decidieron seguir en dirección sur. Esperamos que no vayan muy lejos: tal vez necesitemos su ayuda de nuevo…

Estamos a 3 de enero y las condiciones atmosféricas todavía no nos han permitido salir de Westport.