domingo, 29 de noviembre de 2009

De Karangahake a Te Aroha

Salimos esta mañana en medio de una intensa llovizna, pero la carretera no tenía nada de tráfico. Al llegar a Paeroa, la llovizna se convirtió en aguacero y la situación comenzó a tomar mal aspecto. Después de Paeroa abandonamos la carretera principal, nos desviamos por una local y en ese momento paró de llover. La carretera era llana y sin tráfico, con un paisaje espectacular. Las nubes no dejaban ver las cumbres de las montañas Kaimai. La experiencia fue increíble. Mientras pedaleábamos por un amplio valle, las montañas Kaimai aparecían de la nada. Llegamos a Te Aroha, una pequeña y encantadora población con aguas termales y una historia interesante. Había unos cuantos edificios coloniales muy bonitos, pero tuvimos que apresurarnos a llegar al camping antes de que comenzara a llover de nuevo. Hicimos algunas compras y al llegar al camping, decidimos alquilar una cabaña en lugar de una parcela para montar la tienda. Al comenzar la tarde, nos dimos un baño en las aguas termales del lugar, con las montañas de fondo. Una experiencia sensacional después de siete días montados en la bicicleta. Un baño exterior a 40 grados a los pies de las montañas Kaimai. Una cerveza belga me hubiera enviado directamente al cielo. Mañana nos tomamos el día libre.

sábado, 28 de noviembre de 2009

De Waihi a Karangahake

Antes de salir hacia Karangahake, una pareja de ciclistas locales nos ofreció un lugar para alojarnos y una ruta alternativa para evitar la carretera principal.

En nuestro camino a Karangahake elegimos siempre rutas alternativas que hicieron el trayecto mucho más agradable. Por Endowmnent Street, circulamos en paralelo a la carretera principal. El paisaje no es espectacular, pero se trata de una ruta muy interesante. Después de recorrer 15 kilómetros, el camino se va juntando con la carretera principal, pero, justo antes de unirse, tomamos un camino que cruza por la garganta Karangahake. Aunque la ruta era bastante dura, agradecimos circular sin tráfico. Nos habían advertido sobre un túnel oscuro de un kilómetro de longitud, pero nada nos había podido preparar para lo que estábamos a punto de experimentar. Apenas había espacio para los carritos en este túnel oscuro y húmedo. ¡Qué sensación! Ella se pasó todo el trayecto cantando y gritando, así que Vanessa y yo decidimos unirnos. Parecía que el túnel no iba a terminar nunca y, cuando llegamos al final, el puente que teníamos delante era aún más estrecho. Vanessa tenía unos 30 centímetros a cada lado del carrito, ¡perfecto! Para salir de la plataforma del puente tuvimos que pasar los carritos por encima de una barrera… otra gran aventura ciclista en medio de la espectacular garganta Karangahake.

Por la tarde, pasamos algún tiempo con nuestros anfitriones, en una granja, y aunque Ella parecía disfrutar de casi todo, cualquier animal cuyo tamaño era mayor al de un conejo le suponía una seria amenaza y decidió no acercarse bajo ningún concepto. El tiempo empeoró.
Todavía nos quedaba tiempo para darnos un paseo en la espectacular garganta. La pista transcurre a través de un puente colgante siguiendo la antigua vía del ferrocarril y las minas de oro abandonadas. El lugar es muy interesante y bien merece una visita.

Disfrutamos de una estupenda cena con nuevos amigos y tuvimos la suerte de poder dormir de nuevo en una cama de verdad.

viernes, 27 de noviembre de 2009

De Whangamata a Waihi

La jornada de hoy ha sido mucho más fácil de lo esperado. Los primeros 15 kilómetros fueron llanos y se sintieron muy cómodos sobre ruedas. Había una enorme pendiente antes de llegar a la ciudad, pero nos gustó. Llegamos temprano y el camping de Waihi es muy pintoresco. Montamos la tienda junto a un pequeño arroyo, pero resultó ser una mala idea, ya que se trata de una zona infestada de mosquitos.

Al principio, no nos dimos cuenta, pero al acostarnos en la tienda, sentimos el primer mordisco. Creo que el primer mosquito, después de morder, llama a todos sus colegas para que se den el festín. ¿Quién sabe? Puede que se hayan enfadado, porque hemos montado la tienda donde suelen jugar a cartas por la noche. Yo también me enfadaría.

jueves, 26 de noviembre de 2009

De Tairua a Whangamata

Al ir en bicicleta, no podemos dar nada por sentado. Siempre recordaremos Tairua por la gente tan agradable que tuvimos suerte de encontrarnos y que nos permitieron pasar tres días inolvidables. La gente, el paisaje, las playas, el tiempo perfecto y las sensacionales ciclovías nos hicieron sentir la familia más afortunada del planeta. Salir de Tairua fue, sin duda, una de las decisiones más difíciles que tuvimos que tomar, pero no contar con un camping y el deseo de seguir avanzando fueron los dos factores que nos impulsaron a montarnos en las bicis rumbo a Whangamata. Era difícil sentirnos mejor por todo lo que nos había pasado durante los últimos tres días, pero las condiciones climatológicas nos iban volver a colocar en el mundo real. Todavía no habíamos dejado la ciudad y comenzó a soplar un fortísimo viento de cara. Nos costaba incluso ir cuesta abajo. Por momentos, ¡pedaleábamos a solo 8 km/h cuesta abajo! Los primeros diez kilómetros resultaron durísimos, con fuertes ráfagas de viento que constantemente amenazaban con echarnos de la carretera. Al llegar al cruce donde cogeríamos la carretera principal Vanessa vió una señal que indicaba que todavía faltaban 22 kilómetros hasta Whangamata, cuando nuestro mapa marcaba solo 14. Esto es lo último que nos faltaba después de haber estado peleando contra el viento durante 10 kilómetros. Paramos a descansar, ya que comprobamos que nuestro paso era lentísimo, y además, la carretera comenzaba a empinarse.

Mientras tratábamos de reunir la energía y moral para continuar, una pareja de australianos que habíamos conocido en Whitianga paró a nuestro lado y se unió a nuestro descanso improvisado. Todo lo que necesitamos fueron unas cuantas risas, palabras de ánimo y unas barras energéticas australianas. ¡Un millón de gracias a nuestros amigos australianos! Aunque parezca mentira, a pesar de ser una subida larga y dura, no tuvimos problemas en superarla. En esta parte del país, el paisaje es bastante dramático, con mucho bosque de pinos para la industria maderera. En los lugares en los que se ha producido la explotación forestal, las faldas de la montaña están totalmente desnudas y parece que haya ocurrido un bomardeo. No era algo muy agradable, pero me pareció interesante de algún modo. Tal vez, porque era tan diferente a todo lo que habíamos visto, o porque el impacto de las talas de esta magnitud resulta algo impresionante. Los bosques de pinos no son autóctonos de Nueva Zelanda y muchos ecologistas querrían verlos reemplazados por bosuqes de especies nativas. Estoy de acuerdo, pero debo admitir que los bosques de pinos me parecen muy atractivos. El olor es embriagador y me recuerda al sur de Bélgica. Poblados de pinos majestuosos y yerba en el suelo, este tipo de pinares poseen una tranquilidad y mística muy peculiares.

Después de la subida, nos paramos a comer a la sombra de algunos pinos gigantescos antes de completar los últimos 10 kilómetros. Por primera vez en nuestro viaje, me sentí débil y sin ninguna energía en las piernas. Vanessa pedaleaba con fuerza y Ella cantaba en su carrito, pero a mí me costó muchísimo llegar a Whangamata.

Whangamata no es un mal sitio, pero lo vi a través de los ojos de un ciclista agotado. Tuve que reunir energía para montar la tienda e ir a comprar la cena. No me gustaron ni el camping ni la ciudad. Tras montar la tienda y caminar hasta la ciudad, la situación cambió cuando nos encontramos con una pareja a la que habíamos visto ya varias veces en el Norte, en Mangonui. Nos ofrecieron quedarnos con ellos, así que volvimos al camping a desmontar la tienda. En ese momento ya me encontraba con fuerzas de nuevo y pasamos una gran noche, con una cena deliciosa y una cama de verdad para descansar. Ella pasó una noche de perros.
Estoy seguro de volveremos a encontrarnos con nuestros amigos Daniel, Tina y su hijo Fritz.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

De Hahei A Tairua

Recorrer en bicicleta la distancia de Hahei a Tairua a través de las carreteras Link y Hot Water Beach para después volver por la carretera 25 es una experiencia increíble. Hay que superar una empinada colina justo antes de entrar en Tairua, pero el paisaje es sencillamente espectacular. Con las cumbres de las montañas de Coromandel al fondo, olvidamos que estábamos montados en la bicicleta. Al llegar a la carretera, la pendiente no tardó mucho en aparecer. Al principio, el suelo se va inclinando poco a poco, pero llega un punto en el que la pendiente es demasiado fuerte y, con el sol pegando fuerte, comenzamos a sufrir.

La ruta transcurre por Coromandel Forest Park, lo que proporciona una escena perfecta y llena de vegetación. Nos detuvimos cuando pensábamos que habíamos llegado a la cima, pero nos dimos cuenta de que todavía nos quedaba bastante. En un lugar que solo puede describirse como un parking improvisado, paramos a comer y un señor llamado Pete apareció de entre los árboles. Era un alegre londinense que había estado viviendo en Nueva Zelanda durante los últimos 30 años. El frenético ritmo occidental le había causado una profunda depresión, pero tras superar esa oscura época, había transformado su forma de vida en Tairua. No obstante, este nuevo camino estaba plagado de una serie de símbolos y sueños sobrenaturales que le indicaban cómo vivir, qué hacer y qué escribir. Me dió la impresión de ser una de esas personas que no haría nunca daño a nadie, pero generalmente trato de evitar pasar demasiado tiempo con la gente que no hace más que hablar sobre su vida y sobre cómo podríamos todos vivir sin dinero ni miedos. La presencia de este tipo de personas suele agotar todas mis energías. Nos ofreció quedarnos en su casa, pero yo no tenía ninguna intención de pasarme toda la noche hablando de sus visiones. También nos dijo que deberíamos montarnos a las bicis descalzos, para sentir el flujo de la energía de la Tierra. ¿Qué le pasa a este tío? ¿No ha visto los extremos metálicos y afilados en los pedales? ¿Qué clase de energía vamos a sentir con los pies sangrando por las heridas? De todos modos, es solo una anécdota y si Pete lee esto, no te ofendas, amigo mío. Simplemente, no llegué a conectar con tu energía.

Tras este breve encuentro con el Espíritu Santo, nos dirijimos a la otra parte de la montaña y el paisaje… bueno, esto debía ser lo mejor de Coromandel. Bosques coloreados con todos los tonos de verde y el océano al fondo. Un cielo claro y azul y nosotros, con una enorme sonrisa en la cara al comenzar el descenso a Tairua.

Seguimos las indicaciones del camping, pero no lo encontramos. Preguntamos a un señor en la calle y nos respondió que el camping había cerrado. Parecía inevitable tener que ir a parar al Hotel Self Proclaimed Jezus, pero este simpático señor nos ofreció pasar la noche en su casa de la playa. No lo podíamos creer. Estábamos sin alojamiento y unos minutos después nos encontramos en una enorme mansión en primera línea de playa. Nos llevamos a Ella caminando hasta la ciudad y compramos unas cosas para la noche. Tairua es una localidad encantadora con un ambiente muy tranquilo. Con el océano a un lado, la ciudad se encuentra en una enorme bahía. Ella se lo estaba pasando en grande jugando en un enorme parque. Había un grupo de chicos que saltaban al agua de la bahía desde el puente.
Aquella noche cenamos en una casa de verdad, sentados en la terraza y con unas vistas espectaculares del océano y lágrimas en los ojos. ¿Qué más podíamos pedir? Vanessa, Ella y yo queremos agradecer a nuestros amigos de Tairua su hospitalidad y amistad. ¡Esperamos poder devolverles el favor algún día en Barcelona!


Coromandel

¡Buenos días a todos!

Sentimos no haber podido actualizar el sitio web durante los últimos cuatro días. Nos está yendo bien y avanzamos sin prisa, pero sin pausa. Esperamos poder tener tiempo esta noche y dedicarlo a responder a todos los correos que hemos recibido, así como a actualizar el sitio con las últimas noticias y fotos.

Coromandel es un lugar increíble para hacer ciclismo. Después de pasar un día en la tienda, llegamos a Whitianga siguiendo la carretera 309, que resultó ser una experiencia mágica. Nos quedamos en Hahei, un lugar que parece mejor no visitar en navidades. Fuera de la temporada alta, es espectacular.

Ayer llegamos a Tairuna, desde donde saldremos a Whangamata. Nos lo estamos tomando con calma, porque el paisaje es de una gran belleza y no nos lo queremos perder.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios alentadores, donaciones, sugerencias y preguntas. Muy pronto volveremos a estar con todos vosotros. De nuevo, disculpad el retraso.

martes, 24 de noviembre de 2009

De Whitianga a Hahei

Después de nuestra experiencia de ayer en la 309, pensamos en recorrer otros 30 o 40 km por la costa, pero al llegar a Hahei decidimos quedarnos en la playa durante el resto del día. Desde que llegamos a la península de Coromandel nos resulta difícil no quedarnos en los lugares que visitamos. En Coromandel hubiéramos querido llegar hasta Port Charles, pero esto significa dos semanas más de viaje.

Hemos decidido visitar el país montados en bicicleta, pero en algunas ocasiones nos parece que nos perdemos algo si no paramos. Cuanto más paradas hacemos, más difícil nos resultará llegar al final. Hoy, decidimos que había que relajarse y pasar tiempo en Hahei Beach.

En Whitianga, cruzamos la bahía en ferry. Toda una aventura, ya que las bicicletas y los carritos apenas cabían en la embarcación. Tras ese pequeño saltito, entramos en otro mundo. De las exuberantes montañas del interior pasamos a encontrarnos rodeados de playas increíbles. El cielo azul era perfecto, el calor del sol liberaba un agradable olor a pino, la brisa del océano nos llenaba los pulmones de un aire perfumado y el manglar despedía un fuerte aroma marino… ¡divino!

La ruta a Hahei es relajante y muy sencilla. Apenas encontramos tráfico de camino a la bahía. La carretera se abre paso a través de bosques de pinos y praderas verdes y onduladas. Al fondo, la bahía, con sus manglares que se convierten en tierras pantanosas, son el lugar de encuentro de centenares de vacas desaliñadas. Digo desaliñadas, pero podrían ser perfectamente delgadas por naturaleza. En Europa, estamos acostumbrados a ver unos animales enormes con unas cabezotas gigantescas y patas como tractores, que probablemente se alimentan de puras proteínas procesadas en trituradoras. Tuvimos la sensación de que un halcón nos siguió durante varios kilómetros y, de repente, a unos 100 metros de nosotros, vimos algo que parecía una zarigüeya o un conejo tratando de cruzar la carretera, avanzando medio metro y parándose de nuevo. Pensamos que era un conejo al que había atropellado algún coche, pero resultó ser un armiño arrastrando a un conejo que probablemente había cazado y que le estaba resultando complicado llevar a su cocina particular. No parece muy común ver este tipo de escenas durante el día, pero imagino que el armiño debió tener un golpe de suerte que no quiso desaprovechar.

Las playas de Hahei son de una arena blanca pura y el agua del océano es tan clara que tiene ese color verde azulado que hace que te sientas en el paraíso y pienses que eres la primera persona que ha llegado a la zona.

Nos tomamos la tarde libre y pasamos el resto del día en la playa. Los árboles Pohutukawas se descolgaban de unos acantilados impresionantes y nos pareció el lugar perfecto para comer. Y así fue, frente a las islas que se divisan en el horizonte de esta impresionante bahía, hasta que Ella decidió meter su pie lleno de arena dentro de nuestro plato. Ahí terminó nuestra deliciosa comida playera.

Desde Hahei, hay un agradable paseo hasta Cathedral Cove, una playa a la que, desgraciadamente, no pudimos llegar.

Una puesta de sol inolvidable nos hizo sentir tremendamente felices de estar allí.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Famosos atrapados en Coromandel

Muy buenas,

Ayer llegamos en Coromandel y aqui seguimos. Nuestra idea era salir por la maniana (no tengo enye en este ordenador ingles), pero la lluvia es demasiada intensa y nos encontramos atrapados en un camping vacio...curioso.

Desde que salimos en el periodico New Zealand Herald la gente nos reconoce en la calle y no paran de hablarnos y preguntar. Nos llegan un monton de comentarios por email y cada vez mas gente estan donando dinero y cada vez tenemos mas publico que nos sigue. Me siento como George Clooney aunque a mi la verdad es que no me gusta el Nespresso ese.

La region de Coromandel es impresionante pero ya comentaremos sobre ella cuando tengamos mas fotos.

Un abrazo a todos!!!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Respuesta A Anna Garratt

En la edición del sábado 21 de noviembre del periódicoWeekend Herald, Anna Garrat expresó su preocupación por nuestra manera de viajar, de modo que creemos que es necesario explicar, no solo a Anna, sino también al público en general, cómo está viviendo Ella esta experiencia y cómo es su día a día. El siguiente texto es nuestra respuesta completa y esperamos que se publique tal y como la escribimos:


"En respuesta a Anna Garratt, de Rotorua, por favor, ten la completa seguridad de que únicamente viajamos cuando Ella quiere hacerlo. El promedio de tiempo que pasamos en la carretera es de tres a cuatro horas diarias, y durante el resto del día, Ella se dedica a perseguir a los pájaros; reír y gritar a las vacas y ovejas que nos encontramos durante las comidas junto a la carretera; jugar durante horas con otros niños en las cocinas de los campings (a Ella le encanta lanzar sartenes y cazuelas); dejarse caer en la tienda, porque rebota; pasar tiempo en los parques de los campings; explorar la playa en busca de objetos que pueda lanzar al mar; socializar con las encantadoras personas que vamos conociendo; asombrarse al ver a los delfines en Bay of Islands; correr libremente en los campings; mirar Baby Einstein en nuestro pequeño portátil; pero, sobre todo, lo que más le gusta es poder aprovechar todo su tiempo con sus padres en lugar de estar ocho horas al día en una guardería como la mayoría de niños. Creemos sinceramente que nuestra hija disfruta de mucha más libertad que muchos otros niños que se pasan todo el día en la guardería y, el resto, metidos en casa. A Ella le encanta estar al aire libre. Comparar seis meses de atención completa de sus padres y unas horas al día montada en un carro mientras duerme con una prisión es algo totalmente injustificado.
Nos gustaría invitar a Anna a tomar café con nosotros cuando pasemos por Rotorua, ya que puede tener una idea equivocada de nuestro modo de viajar. No es necesario recordar que anteponemos el interés y la seguridad de nuestra hija en todo momento.

Saludos cordiales
Wouter y Vanessa

Ciudad De Coromandel

Cogimos el ferry desde Auckland hasta la ciudad de Coromandel y al llegar al muelle, Ella no tenía ganas de meterse en el carrito, así que pasamos tres cuartos de hora viéndola jugar en la playa. Para entonces, Rex, de Forest and Bird, ya había llegado al embarcadero en bicicleta para darnos una calurosa bienvenida. Cuando Ella estuvo lista, recorrimos los 10 km hasta la encantadora ciudad. Brillaba el sol, los bares y cafeterías rebosaban de gente y el camping era perfecto. Un día estupendo.

Rex y Lynette nos acompañaron a unos bellos parajes al norte de Coromandel: playas espectaculares con vistas increíbles. Sin embargo, lo que más nos impresionó fue la senda Kauri Grove Walk. La pista se abre camino a través de un exhuberante bosque lleno de especies de árboles autóctonos. Los miembros de Forest and Bird han realizado una gran tarea de replantación y repoblación forestal en Kauri.

La zona de Coromandel necesita voluntarios para que F&B siga funcionando con éxito, así que todo aquellos que estéis pensando en colaborar en la recuperación del entorno natural, ¡poneos en contacto con Forest and Bird!

Nos habían dicho que el punto más septentrional de la península es de una enorme belleza y que allí se está llevando a cabo un importante proyecto en las montañas Moehau, pero, como ya nos ha ocurrido en este viaje a través de Nueva Zelanda, es imposible abarcarlo todo y no pudimos ir. Empezábamos a olvidar que hemos venido a recorrer el país en bicicleta. Finalmente, habremos visto mucho más que la mayoría de turistas que viajan en caravana, pero la bicicleta también nos impone de vez en cuando sus restricciones.

Desde la tienda de campaña veíamos la carretera que sale de Coromandel y comenzamos a temblar ¡vaya cuesta! Yo no podía apartar la vista de aquella carretera, mientras pensaba que era inevitable tener que recorrer ese tramo. Vanessa pensaba que era lo más estúpido que haría en la vida. ¡Deja de mirarla! Por otra parte, Rex nos había hablado de una ruta alternativa: la infame pista 309, un camino por asfaltar que se tragaba a los ciclistas. Rex ya nos había advertido de que se trataba de una empinada rampa que no sería fácil de superar arrastrando los carros por la gravilla. ¿Qué íbamos a hacer? Ya lo decidiríamos al día siguiente.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Ciclismo En Nueva Zelanda

Los europeos, suelen considerar a Nueva Zelanda como uno de lugares más increíbles de la Tierra para visitar. Vanessa y yo decidimos recorrerlo en bicicleta, porque estamos acostumbrados a hacer este tipo de viajes y pensamos que es una gran manera de viajar. Siempre hemos querido cruzar Nueva Zelanda de norte a sur y este reto cambió de dimensión al nacer Ella. Nuestra hija ahora tiene 14 meses y está compartiendo con nosotros esta aventura en su carrito.

Antes de llegar a la tierra de la gran nube blanca ya sabíamos que las carreteras neozelandesas no son particularmente buenas para los ciclistas, Y es que, aparte de Holanda, ¿existe otro país con una red tan amplia de carril-bici? La respuesta debería ser afirmativa, ya que algunos países están construyendo redes similares para los ciclistas. Por ejemplo, tiempo atrás, en California, el gobierno y las comunidades locales fomentaron la construcción de una enorme red de carril-bici, aunque la gran mayoría de gente seguía prefiriendo el automóvil. Muchos se preguntaron entonces, ¿para qué gastar tantos recursos en este tipo de vías? El resultado,10 años después, es una gran mayoría de gente ha comenzado a usar la bicicleta para ir al trabajo y para llevar a sus hijos al colegio, porque es más saludable y menos estresante. Cuando se ponen los medios a disposición de la gente, la respuesta suele ser casi siempre positiva.

Nuestra experiencia ciclista en la primera parte del viaje, de Cape Reinga a Auckland, nos dice que Nueva Zelanda necesita desesperadamente un tipo similar de revolución ciclista. Esto convertiría a las ciudades en lugares mucho más acogedores y seguros. Imaginemos una ciudad en la que nuestros hijos puedan jugar tranquilamente en la calle. Esto es totalmente viable, en realidad, ya existe. En países como Bélgica, Holanda, Dinamarca o Alemania, la mayor parte de la gente joven va al colegio o a la universidad en bicicleta. Muchos jóvenes probablemente piensan que es mucho mejor gastarse el dinero en cerveza que en la compra de un coche. En Bélgica, es muy común ver docenas de bicicletas frente a los pubs, tantas que impiden ver parte de la fachada del edificio. No estoy fomentando la conducción en estado de embriaguez, pero todavía no he leído una noticia sobre ningún ciclista borracho que haya atropellado a un peatón.

Tenemos sentimientos encontrados respecto a nuestra experiencia ciclista en el Norte de Nueva Zelanda. Durante los primeros 70 km parecíamos los únicos en la carretera. Los pocos coches y camiones que encontramos mostraron mucho respeto y nos adelantaron guardando una buena distancia de seguridad. Por otra parte, cuando la visibilidad era casi nula, les indicábamos cuando podían adelantar. Nos cruzamos con muchas sonrisas, de simpáticos conductores que mostraban respeto y nos animaban.

A partir de Awanui, la situación cambió radicalmente. El tráfico aumentó y los conductores, aparte de no guardar la suficiente distancia de seguridad, no reducían la velocidad al adelantarnos. Este comportamiento es muy peligroso y sólo suele verse en países en los que la mayoría de los jóvenes nunca han sido ciclistas. Por otra parte, no vamos a decir que los conductores neozelandeses son los peores del mundo. Cuando no existe una infraestructura para promover este tipo de actividad, la gente no entiende la cultura de dos ruedas. No podemos culpar al conductor de un automóvil por no tener un comportamiento que nadie le ha enseñado. En ningún momento vamos a afirmar que los conductores sean agresivos con los ciclistas de manera intencionada, aunque siempre puede haber alguno, mentalmente desequilibrado, que alegue que la carretera no es para los ciclistas. Este tipo de comentario y comportamiento se asemeja más bien al del régimen que causó millones de muertes en Europa hace unos 50 años. Es preferible no malgastar energías en contrarrestar opiniones extremas de este tipo, sino deberíamos más bien tratar de fomentar la inversión en infraestructuras para los ciclistas, ya que esto resolverá muchos de los actuales problemas.

Llevamos toda nuestra vida utilizando la bicicleta en Bélgica y España, hemos recorrido Francia, España el suroeste de Irlanda e Inglaterra, y podemos asegurar que la situación de Nueva Zelanda no es única. En España, no nos atrevemos a salir a las carreteras principales, ya que es demasiado peligroso, además de existir muchos conductores maniáticos en el país. En Irlanda, un enorme camión nos echó fuera de la carretera. Los portugueses suelen tener el mismo comportamiento que los neozelandeses: te adelantan aún que venga un vehículo en la otra dirección y crean una de las situaciones más peligrosas en las que puede verse un ciclista.

Europa no es ningún paraíso para los ciclistas. Tal vez contemos con una mayor concienciación hacia los practicantes del ciclismo, pero esto es únicamente cierto con respecto a unos pocos países y para nada es el caso de los países mediterráneos.

Una de las mayores diferencias entre Nueva Zelanda y la mayor parte de países europeos es que en el Viejo Continente contamos con una enorme red de carreteras. En Europa, si circulas por una carretera muy transitada, al consultar un mapa podrás encontrar fácilmente una vía alternativa. Esto no suele ser así en Nueva Zelanda. Sólo existen dos carreteras desde Cape Reinga a Auckland, y todas las demás alternativas transcurren de este a oeste. Personalmente, no pensamos que contar con tan pocas carreteras sea algo malo, puesto que evita la urbanización de las zonas naturales, algo que los europeos han perdido casi por completo. Aunque suene como una contradicción, construir carriles-bici en estos lugares no tiene ningún impacto medioambiental.

Tras nuestra experiencia en las carreteras transitadas del Norte tenemos claro que, pase lo que pase, debemos circular por vías más tranquilas. Por ejemplo, la carretera de la costa entre Russell y Helena Bay es muy recomendable como alternativa a la autopista, y aunque es dura para recorrer en bicicleta, las vistas son impresionantes.

Esperamos encontrar mejores carreteras al Sur. Ya os contaremos. Podéis seguir nuestra ruta en el mapa interactivo del sitio web.

Saludos

Algunas fotos de nuestro viaje por el norte:

martes, 17 de noviembre de 2009

Nueva Zelanda en bici: cronica de las primeras dos semanas

Muy buenas,

15 de noviembre y acabamos de llegar a Auckland después de haber recorrido la primera etapa de nuestro viaje, desde Cape Reinga hasta Hikurangi. Desgraciadamente nos vimos obligados a subirnos al Northland Express para hacer los últimos 150 kilometros en autobus. Desde Whangarei hasta Auckland solo hay una carretera y es como subirte en bici por una autopista en España, muy mala idea. No estamos dispuestos a correr tanto riesgo y aunque desde Cape Reinga hasta Hikurangi siempre encontrabamos caminos alternativos, la cosa se iba complicando y decidimos hacer el último tramo en los asientos de transporte público.

Tardamos 5 horas para hacer 150 kilometros, sobre todo por culpa del mal estado de la carretera. El autobus estaba lleno de gente gordisima. Tengo amigos que estan gordos por culpa de una enfermedad pero los monstruos que iban a bordo estaban gordos por vicio. 5 horas comiendo galletas, bombones, muffins, no es de extrañar que el pasillo estaba lleno de grasa que rebosaba por los asientos. Por dios, come un poquito menos no?!

Hacer el viaje desde Cape Reinga hasta Hilurangi en bici fue toda una aventura. Durante kilometros y kilometros no hay pueblos ni casas ni tiendas. Los primeros 55 kilometros, desde Cape Reinga hasta Pukenui, solamente hay un camping y una gasolinera. No hay un alma en la calle y vimos 4 coches. Las condiciones meteorologicas son muy extremas; el viento no deja de soplar con una fuerza brutal...las vacas van atadas al suelo porque sino saldrían volando. De hecho, una debió escaparse porque casi me da en el casco por volar tan bajo. La lluvia por esta region no cae, viene de lado. La fuerza del viento hace que la lluvia horizontal te moja primero las bragas y luego la cara, por el rebufo claro.

Nuetra idea de Nueva Zelanda era de un paraíso verde, un pais moderno sin problemas economicos ni pobreza o crímen. Si algun dia te ves en el extremo norte de estas tierras, encontraras un pedazo de tercer mundo. La autopista parece mas bien un camino forestal; la gente vive en pura pobreza, sin acceso a hospital, tienda u otras cosas que consideramos lo mas normal del mundo, casi un derecho. Pues aqui nisiquiera existe y las casas parecen mas bien caravanas o cabañas de madera que apenas se mantienen de pie. Los Maoris, inequivocadamente considerados los primeros habitantes de estas islas,se comieron a los primeros pueblos de Nueva Zelanda, tienen cara de pocos amigos y son todos unos bichos a los que no quieres quitarles el último tobleron. Bicharracos hechos para jugar al rugby o arrancarle el cuello a un belguita. Sin embargo, es gente abierta, simpatica y aunque pobre, muy generosa, una calidad que muchas veces se ve en gente que apenas tienen para sobrevivir. En sitios mas hacia el sur como Kerikeri ha llegado el legado del dinero y se nota que a la gente le cuesta mas compartir. Es como si la pasta les otorga el derecho de decir "esto me pertenece, largate". Tambien parece que en lugares de alta sociedad hay una necesidad de protegerse contra todo lo que no encaja en su mundo y por los suburbios se ven carteles de "neighbourhood watch", lo que quiere decir que el vecino te pegara un tiro o soltara su perro asesino si tienes una pinta distinta. Nueva Zelanda es mucho mas conservador y reliogoso de lo esperado y tiene un aire al extremismo norteamericano. Cuando la religión se vuelve doctrina aparecen normas que perjudican a los que prefieren distanciarse de ella. En numerosas ocasiones hemos visto carteles anunciando la llegada de Jesus y si estamos preparados para ella. Y que dios murió por nuestros pecados...choca y mucho ver estos tipos de mensajes en un paisaje tan majestuoso. Además, a quien lo estan anunciando si no hay nadie? A ciclistas como nosotros? A Jesus ya lo conocemos, solía andar por Hortaleza y estamos preparados para su llegada. Cuando quieras hijo.

Durante 8 meses hemos estado preparando nuestro viaje a Nueva Zelanda y no ha servido de nada. Por mucho que intentamos controlar todos los detalles, el propio viaje sale completamente distinto. Llevamos una carga mucha mas pesada de lo previsto ya que las distancias nos obligan a llevar comida y agua para 3 dias. Aunque parece mentira, aqui tambien tienen problemas de agua dulce y no es posible beber de arroyos, estan todos contaminados con pesticidas. No sabemos quién ha diseñado este pais pero no hay ni un solo tramo llano, las subidas son pronunciadas, las bajadas cortas y las carreteras no son de alquitran sino de pegamento. Las gaviotas te quitan la comida de las manos y si se te ocurre dejar algo de comida fuera de la tienda por la noche, los possums, una especie de marsupial con cara de Mickey Mouse y el carácter de una hiena, te roban todo.
Hay una especie de mosca negra diminuta cabroncete que te come vivo. Nuestras piernas estan llenas de crateres causados por picaduras. Bienvenido al paraiso!!

Es la vida que decidimos vivir durante 6 meses y vale la pena. Es imposible describir con palabras lo que se siente al recorrer en bici un paisaje tan inmenso con manglares interminables, bosques tropicales, bahias de color verde intenso, acantilados impresionantes,...miras donde miras, es pura naturaleza y no vive casi nadie. La sensación de tanta grandeza da alas y por mucho sufrimiento que pueda haber por delante, se te olvida al ver tanta belleza. Menos el dolor de culo, que suele durar hasta bien después de la cena.

La segunda semana de la primera etapa empezó en Paihia, un pueblo insignificante en una bahia llamada Bay of Islands. Desde aqui se llega a Russell en un pequeño ferry que tarda unos 15 minutos pero meter las bicis a bordo fue todo una hazaña. Apenas había sitio para nuestras bicis y los dos carros pero tiene algo especial cruzar el mar con todo nuestro equipaje, uno se siente mas aventurero, aunque nos mareamos casi enseguida. Somos de tierra. Russell es un pueblo muy bonito con las casas y edificios en estilo colonial.

Después de dos dias de relax salimos nerviosos del pueblo ya que los locales nos habían avisado que la carretera que sigue la costa es muy duro por las muchas y largas subidas. Nada mas salir de Russell nos encontramos con un muro que pudo con nosostros pero a partir de este momento el paisaje era tan sobrecogedor que tanta subida ya no asusta.
Despues de 35 kilometros de pedalear duro, paramos en una bahia preciosa y desertica y dormimos en un B+B. Los dueños acababan de sacar un par de kilos de mejillones y cenamos con ellos, mejor imposible. Al lado de donde viven hay un "Pa", una antigua fortaleza de los Maoris y justo debajo, en frente de la playa se encuentra un antigua cementerio Maori. En verdad es mas bien un campo de batalla donde antaño los tribus Maori se pegaron a hostias y dejaron los muertos ahi mismo a pudrir. Para los Maoris, los oponentes muertos no valían la pena enterrarlos. El tiempo ha hecho lo suyo y ahora los huesos y craneos estan bajo kilos de arena de playa pero de vez en cuando una fuerta tormenta desentierra cadaveres y los deja descubiertos en la playa. Nuestros huespedes dicen que con cara muy seria que es mejor ni tocarlos. Tampoco es que pensabamos llevar un craneo en el manillar de la bici como si fuese un trofeo.

Desde el B+B salimos en dirección de Oanuka donde nos quedamos dos dias. El camping es a pie de playa en una bahia preciosa. Conocemos y cenamos con una pareja inglesa que estan recorriendo el pais en tandem. A Ella le gusta el chaval y no deja de besarlo, con lengua y todo. El dia siguiente se nos viene un señor holandés que nos invita a pescar en barco. Me apunto. El barco es asceroso, lleno de intestinos y sangre, cabezas de pescado y el capitan no me traga. Desde el momento que le dije que no habia pescado en mi vida me quiere echar al mar. Un novato, lo que le faltaba para terminar el dia. Intento mantenerme un poco al margen pero no resulta facil en un barco donde no hay ni sitio para sentarse. Sin avisar el tipo abre el gas a tope y casi me quedo en la bahia. Durante media hora va a toda pastilla dirección horizonte. Nos explica como se ha de pescar y que no quiere problemas, siempre mirandome fijamente. El ca***on no me traga de verdad. De repente hay bancos de peces por todos lados, es impresionante. Hay cientos de pajaros tirandose como cohetes al mar y hay hasta pinguinos detras del pescadito. Mientras que yo estoy sacando fotos como un autentico guiri, el dueño del barco nos dice que es hora de pescar. Lo hago mejor de lo que el esperaba y esto le mosquea aun mas.
Por desgracia no tengo suerte y llega el momento que el cabroncete estaba esperando, un fallo mio. Un pajaro marron, grande y con mala leche va detras de mi cebo y se engancha al anzuelo. La madre que me parió. Ahora que? Como que ahora que? Sacalo del agua ya inutil! El pajaro chilla como si lo hubiera hecho queriendo y cuando lo tengo casi a bordo el cabroncete me dice que tenga cuidado, que este pajaro es un bicho feroz y te puede sacar un ojo...Finalmente el holandés me ayuda y liberamos al pajaraco. Tras 3 horas en alta mar nos lleva a otro sitio donde consigo pescar unos 7 peces de tamaño...bueno...sacamos un par de filetes.

Venimos aqui a proteger los pajaros y casi mato uno en plena mar. A todo eso, el dia anterior ya había matado a una golondrina sin querer. No se que pasó pero de repente voló contra mi casco cuando iba en bici y se cayó al suelo. Parecía estar bien y con las golondrinas sabía que se les tira al aire para que cogan vuelo pero este no. Lo lanzé al aire y cayó como una piedra...muerto. Lo siento.

En resumen, a pesar de la golondrinita, nos lo estamos pasando en grande y poquito a poco estamos cogiendo forma. Estamos acostumbrados a la carga y sabemos sufrir. Tenemos varios compromisos con Forest and Bird y nos quedaremos una semana en Auckland para despues seguir hacia Coromandel.
Estamos en contacto.

Por cierto, si os sobra algun eurito, donadlo porfa a Forest and Bird, lo necesitan y todo el esfuerzo que estamos haciendo es para recaudar fondos para esta organización. Muchisimas gracias anticipadas!!!

Un abrazo

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Russell: excursion en barco

Decidimos quedarnos un dia mas en Russell y nos apuntamos a una excursion en barco que pasea por toda la bahia en busca de delfines, ballenas y orcas. Nos lleva también por algunos sitios emblemáticos de la "Bay of Islands" como el "Hole in the Rock", las multiples islas con historias de la era colonial y lugares sagrados de los Maori. Tenemos especial interés en la isla de Urupukapuka, donde el Departamento de Conservacion de Nueva Zelanda junto con la organización Forest and Bird estan llevando a cabo un proyecto de restauración de los pájaros endémicos de la zona.

Salimos a las 09.00 de Russell y 5 minutos después ya tenemos un grupo de unos 15 delfines con crios al lado del barco. Estan tan cerca que puedes ver como nos miran. Es una experiencia única e inolvidable. El viaje sigue hacia las numerosas islas que estan salpicadas por toda la bahia. El paisaje es impresionante. Las islas son como rocas enormes cubiertas de densa vegetación que emergen de un mar verdiazul. Según el barco sale de la bahia principal, el paisaje se vuelve mas exótico y por todos lados hay islitas rocosas llenas de plantas exóticas y playas de arena blanca que contrastan con un mar de color verde. No hay foto que pueda captar la inmensidad y belleza que nos rodea.

Para llegar al "Hole in the Rock", un pedazo de roca de 300 metros con un agujero impresionante a un lado, salimos a mar abierto durante 20 minutos y a toda pastilla. A la derecha hay unos acantilados de 500 metros de altura y en uno de ellos un faro a 400 metros de altura. Por lo visto, en tiempos anteriores hubo 3 parejas britanicas cuidando del faro y consiguieron formar una familia de 15 hijos...supongo que no hubo otro tipo de diversion aqui...

El "Hole in the Rock" es efectivamente un agujero en la roca y aunque impresiona, sigue siendo lo que es, solamente un agujero en la roca. Es uno de estos sitios que la gente visita para luego poder contarlo. Me acabo de apuntar a esa peña.

La magia del dia vino en forma de una ballena de Bryde de 14 metros con su cría. Es imposible describir con palabras lo que se siente al avistar este animal majestuoso a plena mar. A diferencia de los delfines, las ballenas no se acercan a los barcos y pueden ir a una velocidad de 25 nudos, por lo que nuestro capitan le costó muchísimo quedarse cerca de ellas y son tan difíciles de seguir que nisiquiera pudimos sacar fotos. Tenemos el momento tatuado en nuestro cerebro.

La última parada antes de volver a Russell se hace en la isla de Urupukapuka. La isla está controlada por el Departamento de Conservacion en un intento de re-introducir aves endémicas. La isla es de una belleza prístina y la idea del gobierno neozelandés es convertirla y mantenerla en un lugar seguro para las aves de la zona. En breve haremos un artículo sobre las labores que se llevan a cabo aqui.

De vuelta en Russell nos sentimos mas ricos que nunca. Hemos visto delfines, ballenas, una naturaleza de una belleza salvaje y sobre todo, neozelandeses determinados a mantener este paraje tal como es.

Hay varias compañías que ofrecen la misma excursión pero solamente "Explore NZ" dona un porcentaje a la conservación y además usa biocombustible para sus barcos.

Un dia perfecto!

domingo, 8 de noviembre de 2009

A golpe de pedal por Nueva Zelanda - primera semana

Despues de una semanita en Auckland llegó el dia de la verdad. Nuestro amigo Luke nos lleva en coche hasta Cabo Reinga en el extremo Norte desde donde saldremos en bici. Desgraciadamente llegamos muy tarde y nos resulta imposible partir desde el cabo sin correr el riesgo de no llegar a un camping. La unica carretera hacia el sur esta en muy mal estado y hubieramos tardado 2 dias para llegar al siguiente pueblo. 2 dias para hacer 22 km no nos parecio el mejor de los comienzos y asi que empezamos con hacer trampa. Luke nos deja en Waitiki Landing, un "pueblo" que consiste en una gasolinera y un camping. No hay nada y solo se ve gente Maori. El dia siguiente salimos con un miedo en las piernas porque la carga y la nena pesan tanto que nos cuesta salir del camping...la cosa promete.

Sin embargo, una vez rodando, entramos en ritmo y ni las subidas constantes, el aire que sopla tan fuerte que nos echa de la carretera ni las lluvias horizontales pueden con nosotros. Somos la leche!

Al final del dia hemos hecho 53 km por carreteras completamente deserticas, nos han pasado 4 coches quizas? Paramos en Pukenui, un pueblo con supermercado! En los 53 km anteriores no habia absolutamente nada, es increible.

El gran problema que tenemos es que vamos demasiados cargados. Hacer 50 km al dia parece tarea imposible y decidimos bajar las distancias diarias.

Aun asi, los 40 km del segundo dia hasta Awanui nos cuestan muchisimo. A quien se le ocurre hacer tantas subidas en el camino?? Estamos destrozados y esta claro que la estrategia debe cambiar por completo. Tenemos 5 meses y son para disfrutar, no para macharnos. Yo estoy obsesionado con hacer km pero Vane lo tiene claro y razon. Lo hacemos con tranquilidad, parando donde nos apetece y ya veremos donde llegamos. Me cuesta un poco meterme eso en el coco pero lo que sufrimos el tercer dia no deja lugar a duda. Si queremos acabar en el sur del sur, hay que tomarselo con tranquilidad, caso contrario nos vamos a romper.

Ella lo llevaba muy bien hasta el cuarto dia. En el camino hacia Hihi Beach, nuestra hijita no aguanta mas y unos 2 km del camping se pone como una fiera y se niega seguir. No hay manera de meterla otra vez en su carrito. Esta hasta las mismisimas y Vane y yo nos quedamos perplejos en medio de la carretera. No para atras, ni para delante. Decidimos probar seguir con Ella en brazos y yo empujando las dos bicis. Fueron los dos km mas largos de mi vida pero cuando llegamos al camping, todo encaja. Un camping precioso a pie de playa sin otros seres humanos para joder la pelicula, arboles centenarios, pajaritos cantando, un cielo azul y unos propietarios encantandores que nos dejan la ultima botella de vino blanco que queda...esto es vida! Ella revive en la playa y se lo pasa pipa con tantas conchas, piedras, algas y bichitos en este nuevo mundo.

En los dos siguientes dias seguimos sufriendo con las subidas y con el hecho que vamos demasiado cargados pero al final llegamos al pueblo donde descansamos 3 dias seguidos. Kerikeri es el primer pueblo en nuestra ruta que tiene mas de una calle y hemos recorrido 180 km. Este pais esta vacio y Kerikeri tampoco es que digamos un pueblo carnavalero. Hay un ambiente de funeral en las calles, donde esta todo el mundo???? Por lo visto en verano, que empieza el 15 de diciembre, el pueblo se ve desbordado por la cantidad de gente que vienen a pasar sus vacaciones...y para ver los dos supermercados y cuatro tiendas que hay porque bares no hay. No gusta pero en cuanto a paisaje que hemos visto hasta ahora Nueva Zelanda no tiene igual. Es impresionante. En 5 dias hemos visto unos acantilados donde el Pacifico y el mar de Tasmania cochan en plena mar, un espectaculo que te deja sin palabras; dunas tan blancas que nos parecian montañas de sal, carreteras deserticas que pasan por inmensos campos que acaban en el mar; bosques tropicales con arboles de la era jurasica; elechos de 20 metros; gente tan encantandora que es dificil de creer que no te estan intentando vender algo; bahias impresionantes;...Mola.

Por cierto, no hemos tenido tiempo para controlar si esta todo en castellano reconocido por la RAE asin ke, lo ziento zi ay valtas

Hasta la proxima

sábado, 7 de noviembre de 2009

visita a Kerikeri Lodge y Puketi Forest

Hoy visitamos Kerikeri Lodge y Puketi Forest acompañados por Rod Brown, miembro de Forest and Bird. Nos enseñó todas las actividades que el departamento norte de Forest and Bird, junto con otras organizaciones, llevan a cabo en la zona. Parece que la colaboración entre los distintos grupos está dando sus frutos, como pudimos apreciar en el Lodge de Kerikeri. La principal actividad del Lodge consiste en la plantación de árboles autóctonos, desde la etapa de siembra y durante un periodo de cuatro años, en un magnífico vivero. Los arbustos y plantas se venden a organizaciones protectoras y los beneficios se utilizan para gestionar reservas naturales en los alrededores de Kerikeri, como el Puketi Forest. Todas las actividades del vivero están perfectamente planificadas y son realizadas por voluntarios. A vanessa y a mí nos pareció una manera perfecta de conservar la flora y fauna de Nueva Zelanda.

Rod Brown nos explicó que Nueva Zelanda se enfrenta a numerosos problemas que afectan a sus bosques, por lo que la labor de Forest and Birds es realmente importante. Por ejemplo, la lucha contra las plagas en el país supone controlar a especies depredadoras que han sido introducidas recientemente y que se han alimentado de las especies locales más vulnerables. Ratas, gatos y zarigüeyas representan una seria amenaza para las aves autóctonas. Por ejemplo, se calcula que el número de estas últimas ha aumentado hasta 3 ó 4 millones en todo el país.

Las técnicas agrícolas constituyen una de las actividades más peligrosas para el hábitat natural de muchas de las especies neozelandesas. El uso excesivo de abonos y pesticidas daña gravemente el entorno natural, por lo que se ha puesto en marcha un programa para fomentar una reducción de estos productos químicos y que será beneficiosa, tanto para el medio ambiente como para la industria agrícola. Se está concienciando a los ganaderos para que no se deshagan de los residuos orgánicos del ganado simplemente echándolos al río, ya que están contaminando el agua. Fonterra, la mayor empresa de productos lácteos de Nueva Zelanda, ha concedido un plazo límite a agricultores y ganaderos para que cumplan con la nueva normativa medioambiental. Un indicador de la creciente conciencia a favor de una agricultura más respetuosa con el medio ambiente es el número de pancartas con mensajes positivos sobre el futuro, sobre los beneficios para todos a largo plazo, y para el fomento de una imagen nacional como país proveedor de productos de la mejor calidad.

A nivel personal, nuestra visita a Puketi Forest fue como volver a nacer. Entrar a este bosque majestuoso, desconocido para la mayoría de turistas extranjeros, es como llegar a un mundo nuevo. En Europa, nuestros bosques consisten en dos (algunas veces, tres) niveles de plantas, mientras que el bosque tropical de Puketi cuenta con cinco niveles. Las especies más majestuosas las constituyen los llamados árboles emergentes, como el Kauri, un árbol colosal que se remonta a la época del Jurásico. Es imposible explicar lo que se siente al caminar entre estos gigantes, acompañados por otras especies como Ericáceas, parras, helechos y un sinfín de otras plantas. Podríamos pasarnos días explorando una minúscula sección del bosque y jamás nos aburriríamos. Ha sido una experiencia única y esperamos poder animar a más gente a que venga a visitar, disfrutar y conservar esta parte impresionante de nuestro entorno natural.

viernes, 6 de noviembre de 2009

de Wangharoa a Kerikeri

A las 9.15 de la mañana, nos despedimos de Wangharoa y partimos en dirección a Kerikeri, una ciudad turística con muchas tiendas. Salimos ilusionados, ya que pretendíamos quedarnos unos días en Kerikeri. Comenzábamos a notar la falta de descanso, este era el quinto día consecutivo encima de las bicis y de Ella en el cochecito.

La carretera que sale de Wangharoa no presentaba demasiadas dificultades al principio, pero el viento empezó a soplar y nos daba de cara. Nos habían advertido que después de apartarnos de la ribera del río nos encontraríamos con una pendiente, y allí estaba, esperándonos. Esa maldita cuesta se convirtió en un muro de 2 km de longitud que nos costó una barbaridad superar.

Al coronar, recuperamos toda la energía al contemplar el siguiente valle que se extendía a nuestros pies. La espectacular vista fue toda una recompensa a nuestro esfuerzo. Más tarde, la carretera comenzó a serpentear y se volvió más peligrosa al no tener barreras de seguridad. De repente, notamos un cambio en la conducción: los vehículos nos adelantaban a gran velocidad y se acercaban demasiado. Unos kilómetros más adelante, tras adelantarnos de manera temeraria, un camión nos echó de la carretera y nos arruinó el día. Grité al conductor que se detuviera, porque quería abofetearlo, pero iba a ser una pérdida de energía. Tras consultar el mapa, vimos una carretera secundaria que nos llevaba a Kerikeri y decidimos seguirla. Finalmente llegamos rendidos. Preguntamos a varias personas y encontramos un hostel muy bien situado, llamado the Hone Heke Lodge. Los dueños son una pareja encantadora que nos dieron una muy cordial bienvenida y se preocuparon por todos los detalles. Las instalaciones se encuentran en muy bien estado y el hostel cuenta con un área común donde se puede jugar al billar, al tenis de mesa o simplemente relajarse y charlar con otros viajeros. Si se quiere un poco de diversión, hay que alquilar una de las habitaciones cerca del area común. Si, por otra parte, se necesita descansar, las habitaciones más alejadas son mucho más tranquilas.

Kerikeri es una pequeña ciudad, muy acogedora. Perfecta para nosotros, ya que tiene un gran supermercado donde pudimos comprar los víveres necesarios para las siguientes semanas. Sin embargo, los pañales de bebé no resultan fáciles de encontrar en el "Lejano Norte”.

jueves, 5 de noviembre de 2009

de Hihi Beach a Wangharoa Bay

Nos ha quedado muy claro que no deberíamos recorrer más de 30 km al día. Tal vez podríamos hacer algo más, pero tenemos varias razones para pensar que no debemos tratar de llegar a 50 km.

Ella no tiene ningún problema con montarse al cochecito por la mañana, a eso de las 9.30 ó 10 h hasta las 12.30 ó la 1 de la tarde, pero no debemos forzarla más. Si paramos mucho rato a comer, tal vez podamos pedalear durante un rato por la tarde, pero no resulta recomendable. Ella puede tolerar unas tres horas de cochecito, pero ese es el límite. Además, a partir de la 1 de la tarde el sol de Nueva Zelanda calienta con tanta intensidad que es una locura exponer a un bebé a ese tipo de radiación.

A base de errores, Vanessa y yo nos hemos dado cuenta de que pedalear con Ella y todo el equipaje adicional que representa viajar con un bebé es durísimo. Vanessa arrastra el cochecito de Ella y yo cargo con el carro de equipaje. Calculo que en total arrastramos unos 80 kg, y en una parte del mundo tan montañosa y con tanto viento, esto representa un tremendo desafío… Realmente me planteo si vamos a poder conseguirlo.

Los primeros días me obsesioné con recorrer el máximo número de kilómetros posible, pero Vanessa me hizo dejar toda esa tontería y tuvimos que reducir el ritmo. Ahora, en lugar de concentrarnos en el mapa y marcar el siguiente destino, encaramos cada día con más calma. De repente, hemos vuelto a disfrutar encima de la bici, aunque todavía temblamos cada vez que nos dirigimos a una pendiente.

Hoy, la carretera a Wangharoa Bay fue bastante llana y no presentó mucha dificultad. El paisaje cambia cada kilómetro: enormes campos sembrados con miles de vacas y ovejas, bosques de pinos, zonas pantanosas, estuarios con maglares que llegan hasta el asfalto, enormes formaciones rocosas… y no se ve ni una sola persona. El lugar está deshabitado. Apenas hay pueblos y únicamente se ven unas pocas granjas, casas y algún que otro coche que pasa de vez en cuando. Si necesitáis pasar una temporada solos, venid a Nueva Zelanda. En poco tiempo estaréis hablando con las ovejas. Así que estábamos pedaleando a velocidad crucero, camino a Wangharoa, cuando a 2,5 km de la ciudad, Ella comenzó a protestar para hacernos saber que ya estaba harta. Tuvimos que parar en medio del manglar sin ninguna sombra. Por suerte, nos quedaba una barrita mágica de muesli y con ese regalo conseguimos meterla de nuevo en el carrito para llegar a nuestro destino. Encontramos un camping desierto, cuyo propietario, Dave, es la persona más encantadora que podáis conocer. Los kiwis que habitan estas remotas regiones parecen poseer unas cualidades de personalidad que se han vuelto poco comunes en muchas partes del mundo. Comparten con los irlandeses un sentido del humor y una hospitalidad realmente envidiables. Con sus comentarios, siempre parece que quieren tomarte el pelo, pero sin ninguna mala intención, y su amabilidad va mucho más allá de la típica entusiasta bienvenida y el chiste fácil. Su generosidad es auténtica, sin ningún interés. Ciudadanos del mundo, no tengáis miedo: el kiwi no se mostrará amigable para que os rasquéis el bolsillo. El kiwi os mostrará su ciudad, os invitará a una cerveza, os ofrecerá las mejores ostras y os contará relatos del pasado. Los pescadores del lugar nos ofrecieron una visita guiada, se tomaron unas cervezas con nosotros e intentaron hacernos creer algunas historias inventadas. Sensacional. Wangharoa tiene dos pubs y un puerto, pero se pueden hacer más amigos aquí que en cualquier otro lugar turístico imaginable.

Al llegar a la tienda, nos comieron unos mosquitos terriblemente agresivos. Pero, ¿a quién le importa? Acabábamos de conocer una parte extraordinaria de Nueva Zelanda…

miércoles, 4 de noviembre de 2009

de Awanui a Hihi Beach

El 4 de noviembre de 2009 pasará a nuestros anales como un día fatídico para nuestros traseros. De nuevo, tuvimos que guardar la tienda empapada y nada más subir a la bici nos dimos cuenta de que nuestras nobles posaderas iban a tener que afrontar un día complicado. Los primeros kilómetros no dieron demasiados problemas, pero en cuanto la carretera comenzó a empinarse, y especialmente al llegar a Mangonui, supimos que no íbamos a poder viajar mucho más. Ella tampoco estaba para muchos trotes, así que paramos a comer en una preciosa playa en Mangonui. Las pequeñas bahías aquí son espectaculares y hacía un día espléndido.

No creo que hubiéramos pedaleado ni un solo metro más de haber encontrado un camping en Mangonui. Pero no tuvimos tanta suerte. Montamos de nuevo en las bicis para intentar llegar a Hihi Beach, donde, según el mapa, había uno. Para llegar a Hihi Beach dimos un rodeo de 6 km, que sentimos como correr un maratón a 40 grados vestido con un anorak. El GPS indicaba que solo quedaba un kilómetro para llegar al camping de Hihi Beach, pero Ella lloraba a lágrima viva y tuvimos que parar. Estábamos atrapados a tan solo mil metros de nuestro destino, pero Ella se negaba a volver a meterse en el cochecito. Al final, solo quedó una solución: Vanessa la cogió en brazos y yo tuve que arrastrar las dos bicicletas por la carretera. Durante los siguientes 600 metros, logré arrastrar las dos bicis, pero cuando empezó la pendiente se me hizo imposible. Vanessa siguió caminando en busca de alguna sombra, mientras yo dejaba una bicicleta en el suelo, arrastraba la otra, para volver luego a por la primera. Cuando coronamos el pequeño puerto de montaña, tuve que volver a bajar a por la otra bici. ¿No queríamos aventura?

En días como este, en los que pones a prueba tus límites físicos, la llegada a un camping frente a la playa produce en ti una sensación increíble. No hay nada que pueda compararse con la satisfacción de haber superado una prueba de esta magnitud. Quizás la playa no sea tan especial si llegas en caravana, pero para nosotros fue algo mágico, realmente indescriptible. Ver a nuestra hija correr libre por la playa mirando asombrada a su alrededor, la puesta de sol, la cálida bienvenida de los dueños del camping, la botella de vino blanco y los noodles en el recipiente de plástico... ¡Absolutamente sensacional! Nuestros vecinos eran una encantadora pareja de Wellington y nos dieron mucha información sobre el resto del viaje. Espero que los podamos encontrar de nuevo para compartir con ellos una botella de vino. Más tarde nos dormimos bajo un cielo estrellado escuchando el murmullo de las olas. ¡Esto es vida!

martes, 3 de noviembre de 2009

de Pukenui a Awanui

Después de los complicados 53 km de ayer, Vanessa y yo nos dimos cuenta de que viajar con el bebé y toda la carga es demasiado para recorrer una media de 50 km al día, al menos en estas montañas.

Hoy decidimos tomárnoslo con calma y llegar hasta Awanui, unos 40 km al sur. Hacía buen tiempo y el viento era favorable, de modo que teníamos muchas probabilidades de llegar a Awanui al mediodía.

Sin embargo, Ella no estaba de buen humor y comenzó a quejarse. Quería parar. Así que encontramos un lugar a la sombra de una enorme palmera, donde montamos la cocina y nos preparamos la comida. Mientras estábamos allí sentados, paró un 4x4 y salieron dos jovencitas del todoterreno. Nos habían adelantado anteriormente, pero decidieron volver al darse cuenta de que estábamos viajando con nuestra hija. Nos estamos volviendo famosos en el "Lejano Norte".

Aunque la carretera a Awanui no era demasiado complicada, nos volvió a costar llegar a nuestro destino. Nos dolía el trasero: el peso de la carga hace que te muevas mucho más en el sillín. No necesito explicarme más, pero todo el esfuerzo acaba siendo bastante doloroso. Cuando llegamos a Awanui no fue fácil encontrar un camping, pero finalmente dimos con el lugar perfecto, Norfolk Motel, un agradable motel con un estupendo camping en el enorme jardín trasero. El pueblo tenía un aspecto sombrío y parecía abandonado, pero los vecinos de nuevo se mostraron muy amigables y atentos. Necesitábamos dormir y a las 9 de la noche ya estábamos entre las sábanas.

lunes, 2 de noviembre de 2009

de Waitiki Landing a Pukenui

Si miramos la predicción meteorológica de Nueva Zelanda por la televisión cualquier día, nos daremos cuenta de que el hombre del tiempo siempre anuncia chubascos ocasionales.

Mientras desmontábamos la tienda, comenzó a llover con intensidad, así que, aparte de empaparse de agua, la tuvimos que cargar con algún kilo de más. Tampoco resultó fácil arrastrar el carro con todo el equipo a través del lodo del camping o por el camino, e incluso llegué a pensar en lo complicado que podía ser llegar hasta el final. Cargar con todo ese peso durante cinco meses no iba a ser nada fácil, pero no podíamos volver atrás ahora, de modo que continuamos la travesía.

Las primeras subidas no fueron complicadas, pero el viento y la lluvia cobraron protagonismo y de vez en cuando nos tumbaban. El cochecito y el carro por los suelos. El viento soplaba con fuerza del Este y la lluvia se volvió horizontal, pero el paisaje es tan impresionante que hace que se olviden las dificultades para continuar. En algunas partes del “Lejano Norte”, la isla es tan estrecha que pasas entre desfiladeros de enormes dunas a derecha e izquierda. Los estuarios parece que dividen la tierra en dos. Después de unas horas, Ella comenzaba a dar señales de cansancio y hambre, así que decidimos comer junto a una iglesia abandonada. Nos resguardamos del viento en la parte trasera de la nave y dejamos que Ella corriera por el campo.

Nos costó bastante llegar a Pukenui, pero no teníamos otra opción. La zona está despoblada y Pukeni es la primera localidad que aparece en el mapa. Todos los demás lugares resultaron ser una casa solitaria, una escuela en medio de la nada o una comunidad maorí sin servicios o instalaciones. Llegamos agotados a un camping muy acogedor que llevaba Mike, un tipo muy simpático.

Montamos la tienda, nos tomamos un buen café en el único bar del pueblo y charlamos con el dueño de la tienda de licores. Nueva Zelanda debe ostentar el récord mundial de mayor número de gente amigable por metro cuadrado. En todos los sitios a los que llegamos, todo el mundo nos recibió con una exquisita hospitalidad y buen humor.

A continuación, visitamos el puerto en medio de la inmensa bahía, pero poco después nos fuimos a descansar. Al final, resultó ser un buen día, y nos sentimos satisfechos de haber podido llegar de una pieza.

domingo, 1 de noviembre de 2009

llegada al Cabo Reinga

El 31 de octubre, Luke, Ellis, Vanessa, Ella y Wouter iniciamos nuestro viaje al Cabo Reinga en un coche repleto con dos bicicletas, dos cochecitos de bebé y todo el equipo que íbamos a necesitar en nuestra travesía desde el Cabo Reinga, en el extremo más septetrional de la Isla Norte, hasta la ciudad de Bluff, en la costa meridional de la Isla Sur. De camino, hicimos una parada en Paihia, donde pasamos la noche, y continuamos a las 10 de la mañana siguiente destino al extremo norte de Aotearoa (Nueva Zelanda en maorí). El trayecto al Cabo Reinga fue más largo de lo que esperábamos, pero finalmente llegamos a la 1 de la tarde.

Al adentrarse en este territorio sagrado de los maorís, el viajero recorre inquieto los últimos 22 kilómetros por carreteras tortuosas que suelen encontrarse en muy mal estado. Durante unos diez kilómetros, el firme no pavimentado nos obliga a circular a una velocidad máxima de 30 km/h y pone a prueba la solidez de las piezas que componen el vehículo y sus ocupantes. Pero cualquier kiwi afirmará en tono tranquilizador: “¡Todo bien. No hay que preocuparse!”. No hay que creerles. No dicen la verdad…

El Cabo Reinga es un paraje natural realmente espectacular. En este punto confluyen el Mar de Tasmania y el Océano Pacífico, y la mezcla de tonos verdes y azulados que se genera resulta increíble. Hay que tomarse el tiempo necesario para asimilar la grandeza del lugar y maravillarse ante las gigantescas dunas de la Costa Occidental, así como los abruptos acantilados de la Costa Oriental.

Nuestra idea inicial era comenzar la travesía en bicicleta desde aquí, pero tuvimos que tomar la decisión de volver a Waitiki y salir desde allí, ya que no hubiéramos podido llegar al camping a tiempo. Nuestra llegada tardía al Cabo Reinga y los cinco kilómetros de carretera por asfaltar hubieran convertido el primer día del trayecto en un auténtico infierno. Así que hicimos trampa. Los sentimos. Poco después montamos la tienda en Waitiki Landing y nos preparamos para comenzar nuestra aventura en bicicleta. El paisaje entre Cabo Reinga y Waitiki Landing es verdaderamente dramático, pero no resulta un lugar fácil para sobrevivir, por lo que la gente del lugar es extraordinariamente amigable y cálida. Es algo que no debéis perderos por nada del mundo.